Ética en la ingeniería

Cuando hablamos de ética, muchas veces, sino la gran mayoría, parece que entramos en terrenos de grandes palabras y de grandes discursos, que debemos acudir a definiciones y procedencias etimológicas de la palabra, y que cualquier discurso debiera estar enfocado desde las nubes, para que sea válido, y no desde la realidad más cotidiana.

Porque si queremos hacer una reflexión desde la realidad más cotidiana, corremos el riesgo de enfangarnos, de no saber por dónde tirar, de pisar terreno resbaladizo, sobre todo en determinados sectores, como es el de la ingeniería, donde la mayor parte de la actividad está condicionada por el poder político.

Pareciera entonces que es mucho mejor dedicarnos a hacer grandes discursos sobre ética y moral, y dejar la realidad más cotidiana y su inherente subjetividad, a cada persona individual. Allá se las componga en ese terreno que no pisa la legislación, y en el que se debe tomar una decisión, a cuenta de su propia responsabilidad.

Ese terreno que no pisa la legislación en esa realidad cotidiana es vasto y amplio en el caso de la ingeniería. Ya estés en el sector privado o en el sector público, casi cada día te encuentras en una situación pantanosa, en la que tienes que echar mano de lo que sea, para salir de ella.

Y cada persona se las compone, de la manera que puede, para mantener a salvo su integridad, de cara a sí mismo.

De todas esas situaciones pantanosas en las que un ingeniero puede encontrarse, quizá una de las menos peliaguda sea aquella en la que debe hacer un trabajo técnico para que una infraestructura, del tipo que sea, se realice, a sabiendas de que no es necesaria, y no es viable.

Al poder político le corresponde la planificación, y a los distintos sectores profesionales, la ejecución de esa planificación. Y ahí se encuentra el hueco para que un ingeniero se quede en técnico, y no se transforme en un profesional que hace honor a su código deontológico. Se decía la semana pasada en una jornada organizada por el Colegio de Caminos y la Asociación de Ingenieros de Caminos, que a la sociedad, frente a las malas decisiones políticas, le queda el recurso del no voto.

A nosotros ese recurso nos parece insuficiente. Estamos demasiado acostumbrados a ser técnicos, y a salvar nuestra integridad frente a nosotros mismos, diciéndonos a nosotros mismos, y a los demás, ese mismo argumento, olvidando que todos tenemos la capacidad, el derecho, y hasta la obligación de decir no.

No, a aquello que nos obliga a ser laxos en la interpretación de la legislación, del código deontológico profesional, y de nuestro propio código ético y moral.

A día de hoy, el número de técnicos que dicen no, y se convierten en profesionales, es muy reducido, casi inexistente, haciendo de aquél o aquella que lo dice, un héroe. Y todos sabemos lo que conlleva ser un héroe.

Muchos salvaguardamos nuestra integridad protestando, entendiendo que no tenemos capacidad para hacer más. Y así, con la protesta, nos lavamos la cara. Es menos comprometido, y no nos obliga a ser héroes. Pero la realidad es que la protesta sólo sirve para eso.

Es necesario una reflexión profunda, a nivel colectivo, y a nivel de la realidad cotidiana, sobre cómo un sector que técnicamente es muy bueno, puede convertirse en un gran sector profesional. La grandeza no nos sobreviene por decir que somos grandes, sino porque nuestra voz tiene peso e influencia sólida y responsable en aquellas decisiones políticas que hacen avanzar a un país. Y el sector de la ingeniería, sólo en la parte de contratación pública, representa un 20% del PIB.

De nosotros depende ser grandes. Para ello, debemos ser capaces de tener voz, y de darle valor a esa voz. Y esa voz no se articula en la protesta, y en votar cada cuatro años. Esa voz se forma en una reflexión seria, en un debate largo, y en la capacidad de decir no, de dar argumentos, de dar opciones, y de negociar y consensuar.

Esa reflexión seria debe bajar hasta los niveles más bajos posibles. Siguiendo el ejemplo que hemos puesto, el de hacer una infraestructura innecesaria, podemos dibujar otra situación. Una infraestructura que es necesaria. ¿Cómo hacerla? ¿Con qué recursos? ¿De qué manera?

Fuente: International Rivers

Fuente: International Rivers

A nosotros en nuestros cursos nos gusta poner el siguiente gráfico, que se encuentra en un informe de International Rivers para el Banco Mundial: “Infraestructura, ¿para quién?”

¿Qué es mejor en este caso? ¿Qué es más ético? La mayor parte de las veces, se elige la primera solución frente a la segunda, obviando que, quizá, el fin último es que todos dispongan de luz que puedan pagar. Esa es nuestra labor como profesionales, ¿o no?

Si este tipo de reflexiones surgen en una cuestión sencilla, como es el caso que hemos puesto, qué no pasa en multitud de otras cuestiones más complicadas a las que cada día se tienen que enfrentar los técnicos.

Es ese tipo de cuestiones las que nos hubiera gustado encontrar en la jornada ya mencionada anteriormente, y esperamos que, más pronto que tarde, se pueda organizar un debate y reflexión profunda, a pie de la realidad. Será una oportunidad para encontrar la voz propia, y para poder ser grandes de verdad, y no sólo de palabra.

Publicado el diciembre 16, 2013 en Para reflexionar y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

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