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Artículos de opinión de nuestro equipo

Reflexionando sobre la buena gestión

Aprovechando la pregunta que solemos hacer en nuestro cursos, hemos creído interesante poder reflexionar nosotros también sobre ella. En este artículo queremos reflexionar un poco sobre ello, y apuntar motivos y razones para determinar cuándo una gestión se considera una buena gestión.

Para empezar, creemos que hay muchos puntos de vista sobre los que apoyarse para poder decir si una gestión es buena o no. Dependiendo del punto de vista elegido, es posible, además, que lo que desde un punto de vista parece una buena gestión, desde otro punto de vista no lo sea.

También, para empezar, debiéramos reflexionar sobre qué queremos decir exactamente con buena gestión, ya que podríamos haber elegido otros calificativos, excelente, precisa, eficiente, eficaz, etc.

A nosotros nos gusta hablar de una buena gestión, porque la gestión, al depender del punto de vista, es subjetiva. Hay múltiples consecuencias derivadas del hecho de gestionar, y normalmente es imposible detectarlas todas. Adicionalmente, la manera en la que se lleva a cabo una gestión, depende del carácter y personalidad del gestor. Tanto por una cosa como por la otra, no se puede hablar objetivamente.

Para poder introducir objetividad, es por tanto necesario fijar una serie de criterios, medibles, y unos valores deseables para ellos, de tal manera, que, mediante la comparación de lo deseado con lo medido, dé una idea de la bondad o no de lo que se mide.

Y aunque decimos aquí, que, mediante estos criterios, introducimos objetividad, no deja de ser una verdad a medias, porque, ¿cómo fijar el límite entre lo que se dice que es bueno y lo que no?

Estos criterios, habrán de determinarse de tal manera que sean fáciles de calcular, y de tal manera que obedezcan a los objetivos que se quieren conseguir. Y aquí entra de lleno lo fundamental, en toda gestión, que es la necesidad de tener objetivos, claros, meridianamente claros.

Y esos objetivos, claros, dependerán, necesariamente, del punto de vista que se elija. Porque dejarán fuera todos aquellos aspectos y consecuencias que no son visibles desde ese punto de vista. Y puede suceder, y sucede, que se cumplan los objetivos, y las consecuencias no visibles sean nefastas. Y estaríamos hablando entonces, de buena gestión…

Ergo, según esto, no sería posible nunca, calificar una gestión como buena, porque siempre habrá una parte oculta que no conocemos. Adicionalmente, esa parte oculta estará también en aquella parte que sí se ve desde el punto de vista elegido, pero que no se mide, puesto que no se han elegido indicadores para ello, quizá, porque no se definen objetivos en relación a ello.

Por último, por mucho que se quiera medir todo lo posible, por muchos indicadores que se elijan, nunca se podrá medir del todo.

Entonces, en toda gestión, existe siempre una parte oculta, procedente de tres fuentes: del punto de vista elegido, de los objetivos fijados, y de los indicadores elegidos.

La buena gestiónEsto implica que, alguien que quiera parecer buen gestor, puede centrarse en elegir un punto de vista favorable, unos objetivos favorables, y unos indicadores también favorables, para que ese parecer, parezca que es una realidad. Es decir, la buena gestión, está sujeta a manipulación.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo avanzar en este sentido? ¿Cómo poner algo de objetividad, y algo de humanidad en esto?

Nosotros creemos que una de las posibles maneras es a través del cultivo de la responsabilidad, el entrenamiento en la ampliación del punto de vista propio, en la reflexión sobre las verdaderas necesidades, y en la formación de las cuestiones técnicas que permiten elaborar unos objetivos y unos indicadores que permitan incorporar la mayor parte de realidad y de necesidades posibles.

Quizá, así, en algún momento, podamos llegar a decir que estamos en camino de conseguir…una buena gestión…o no, ¿qué pensáis?

Reflexionando sobre la competitividad

Artículo de opinión escrito para Madri+d: http://bit.ly/1aHfYIe

Vivimos en un mundo en el que estamos forzados a ser competitivos. Competitividad es palabra clave, necesidad, obligación, imposición. El que no es competitivo, nos repiten, quedará fuera del mercado. Necesitamos ser más competitivos. Innovemos. Seamos creativos.

Y yo me pregunto, siempre, qué querrá decir esto de ser competitivo. Qué me están diciendo cuando me dicen que tengo que ser competitiva. Ya sólo el hecho de tener que… me pone los pelos de punta.

Porque desde la obligación, nada bueno sale. Y desde el mensaje machacón, tampoco. La obligación y la saturación minan la moral, minan los esfuerzos, y terminan con uno, más tarde o más temprano.

Se me antoja la situación a algo así como el burro que va esforzándose para conseguir la zanahoria que le han puesto a cierta distancia, con el agravante de que aquí, ni somos burros, ni la zanahoria es tal zanahoria, sino una entelequia que la mayoría de nosotros, forzados, ni siquiera nos hemos puesto a ver qué significa.

Como directivo, o como empresario, o como emprendedor, o como trabajador, o como aquello que seamos, debiéramos reflexionar. Ver qué significa, para cada uno de nosotros, esa panacea que se llama competitividad. Y después de reflexionar, ver si lo que nosotros entendemos por competitividad, es lo que nos están vendiendo.

Para mí, ser competitiva es muy simple. Es estar en el mercado, entendiendo por ello, el que compren aquello que hago, que tenga perspectivas de que eso va a seguir siendo así, y que puedo vivir con el precio al que me lo compran, y al que me lo seguirán comprando. Esta definición implica, para mí, un determinado esfuerzo, y una determinada manera de ser, y de estar en el mercado. Si cambio una sola cosa de las que he incluido, cambia esa manera de ser, y esa manera de estar en el mercado, y por tanto, cambia el esfuerzo que tengo que hacer para que eso se dé.

Abarca una doble mirada. Una mirada interior, mi producto y mi esfuerzo para estar en el mercado, y una mirada exterior, la comprensión profunda de la realidad del mercado, y de sus perspectivas de evolución.

Nótese que en ningún momento he nombrado a un solo competidor. Mi definición me implica a mí y al mercado que me compra. No miro a mi competidor, no me esfuerzo en ser mejor que él, porque la energía que emplearía en ver a mi competidor, y en ser mejor que él, la pierdo en entender cómo ser y cómo estar en el mercado.

Creo que la mayoría de los problemas de competitividad derivan de ese hecho. De estar mirando más hacia el otro que hacia uno mismo. De estar queriendo ganar más que el otro, que de ver si con lo que gano, sobrevivo, y vivo. 

Fuente de la imagen: http://bit.ly/1ewOald

Y así, nos enfrascamos la gran mayoría de las veces, en pervertirnos a nosotros mismos, en ofrecer y en estar en el mercado, en posiciones y productos tan alejados de lo que íntimamente somos, que con cualquier contratiempo, nos vamos abajo. 

En el mercado hay infinitas posibilidades, miles de grados de poderes de compra y, sin embargo, nos encontramos con competencias feroces, que estrangulan mercados enteros, y que dejan completamente insatisfechos a los clientes, ya que estamos centrados en competir, y no en estar.

Si el lector mira un momento hacia sí mismo, y se pregunta, ¿qué producto vendo?, ¿qué relación tiene conmigo?, ¿por qué es de esta manera y no de la otra?, ¿qué hace que el mercado lo compre?, ¿cuánto tiempo podré seguir vendiéndolo?, y le cuesta responder a alguna de ellas, o en sus respuestas aparece un competidor, entonces, quizá, está lejos de ser competitivo.

Miremos dentro. Miremos qué somos. Miremos qué necesita nuestro producto para vivir. Miremos si el mercado quiere lo que somos, y el producto que tenemos, y por qué. Y démonos alas a nosotros y alas a nuestro mercado. Para mí, esa es la esencia de la innovación, y de la competitividad. Al menos, hoy, ahora. ¿O no?

Formándonos para adaptarnos a los nuevos tiempos

Artículo publicado en la revista nº 10 de Asicma, Asociación de Empresas de Ingeniería, Consultoría, Medio Ambiente, Arquitectura y Servicios Tecnológicos de Madrid

De un tiempo a esta parte, el entorno y las circunstancias en las que hemos de desarrollar nuestro trabajo se han convertido en algo sumamente complejo, demandantes de respuestas rápidas, de decisiones tomadas en un alto grado de incertidumbre, y de una habilidad muy elevada para adaptarse y para ser flexible.

Hemos pasado de una concepción y realización del trabajo, casi en serie, a una realidad de proyectos únicos, complejos, cada uno diferente del otro, y por tanto, requiriendo necesidades nuevas cada vez.

La formación tradicional nos ha enseñado para trabajar en un entorno más o menos de certidumbre: “las cosas se hacen así”, donde el  énfasis estaba hecho en las capacidades técnicas. Era lo que se necesitaba.

El conocimiento y la capacidad técnica era un grado. Ahora, el conocimiento está accesible, está en todas partes, a un clic, tanto en los grandes recursos on-line disponibles, como en la propia formación técnica, que muchas veces, ha pasado ya incluso a ser gratuita (iniciativas como las MOCCs, Massive Open Online Course) están en auge y expansión en estos momentos, y todas las grandes universidades y escuelas de postgrado se han subido ya al carro (http://www.youtube.com/watch?v=eW3gMGqcZQc#!)

Esto implica que la ventaja competitiva no se encuentra ya en el conocimiento técnico. El entorno demanda máxima flexibilidad y máxima adaptación, gestión de la incertidumbre, capacidad altísima de negociación y de diálogo, y puesta en valor de capacidades y habilidades “humanas”, de relación, no técnicas.

Eso obliga a un cambio radical en el tipo de formación que necesitamos, dirigiéndonos obligadamente a una formación que nos ayude a descubrir y a entrenarnos en aquello que nos hace de verdad humanos:

  • Adquisición y desarrollo de un punto de vista propio y que nos ayude, al mismo tiempo, a cuestionarlo, para ir siendo cada vez más abiertos de mente, y de espíritu.
  • Confianza en nosotros mismos y en nuestras emociones, ya que son la base de nuestra capacidad y habilidad de relacionarnos, de dialogar, y de negociar.
  • Entrenamiento y adquisición de sensación de comodidad en entornos de máxima incertidumbre y cambio.

Estas tres cuestiones, y todas las que llevan asociadas, no es posible adquirirlas estando sentados escuchando ó leyendo. Escuchar y leer es una condición necesaria, pero no suficiente.

Tienen que ser completadas con formación experiencial. Para sentirnos cada vez más cómodos con la incertidumbre, tenemos que ponernos en esas situaciones. Para sentirnos cómodos dialogando y negociando en entornos de alta exigencia, tenemos que ponernos en esas situaciones. Para sentirnos cómodos en nuestra piel, tenemos que sentirnos en nuestra piel.

Eso es lo que hace la formación experiencial, colocarnos en situaciones simuladas, en entornos seguros, donde podemos descubrir, adquirir, practicar y perfeccionar nuestras habilidades relacionales.

Existen muchas posibilidades para impartir y recibir esa formación experiencial, y quizá una de las más potentes, sea la que se realiza con técnicas de teatro, de movimiento, y de arte, que te sacan de tu entorno habitual, y te descubren cuestiones y capacidades insospechadas dentro de ti mismo. Este tipo de formación se utiliza desde hace más de 30 años en Universidades como Harvard, el MIT y distintas escuelas de negocio. En España se está empezando a utilizar tímidamente, ya que existe el prejuicio de que, en la situación en la que estamos, “no es necesaria”, cuando en realidad, es más necesaria que nunca, ya que aquél profesional y aquella empresa que tenga profesionales “entrenados”  son los que contarán con ventaja competitiva.

Imágenes de un entrenamiento en habilidades directivas, de una escuela de MOOC y de un entrenador de manipulación de maquinaria en realidad virtual

Esta formación experiencial se puede completar con formación e-learning y con técnicas de realidad virtual. La tecnología de Kinect (http://www.youtube.com/watch?v=5GXdNQzoPrk&feature=youtu.be) y la realidad virtual, son dos herramientas potentísimas para convertir el espacio de formación, en un espacio, al igual que le pasa a la formación experiencial, de aprender haciendo. La disminución de costes y el aumento de la productividad son exponenciales. ¿Cuántos accidentes se pueden evitar entrenando a los conductores de transporte público, a operarios de tuneladoras y maquinaria pesada, a conductores de vehículos pesados? ¿Cuál es el coste de una mala conducción, ó de una mala manipulación, o de una mala dirección o directriz en el día a día?

A mí, particularmente, me gusta mucho el formato de e-learning en el que no hay un temario desarrollado con grandes textos, sino simplemente, una colección de preguntas relacionadas con el tema que estás trabajando, de tal manera que te obliga a buscar, a indagar, a reflexionar, a cuestionar, a crearte, obligadamente, un punto de vista propio, que, además, tienes que ir cambiando sí o sí.

Por último, existe otro tipo de formación interesante, o muy interesante, y novedosa, que es la que proporcionan las aplicaciones de dispositivos móviles, las apps. A tu disposición en cualquier momento, sin necesidad de libros, ni de apuntes, ni de ordenador, yendo en el metro, en el autobús, estando en una cafetería, donde quieras, puedes mejorar tu conocimientos, ó entrenarte en alguna habilidad concreta, ó retarte a ti mismo, ó retar a otros en una habilidad concreta.

En resumen, tenemos a nuestra disposición una gran variedad de formaciones no clásicas, que nos pueden ayudar, y mucho, a ser muy competitivos en estos nuevos tiempos. ¿A qué esperamos para utilizarlas? Es obligado si queremos diferenciarnos y crecer.

Un camino para tomar…o un camino para construir…

Artículo publicado en Training and Development Digest

La vida es un continuo discurrir por caminos. Caminos diversos, que a veces son fáciles, yotras veces muy complicados. Hay personas que toman un camino muy pronto y lo siguen siempre, y otros que van cambiando de camino cada dos por tres, buscando algo que, a veces, ni siquiera se sabe bien qué es. Hay veces que los caminos los eliges tú, y hay veces que los caminos te eligen a ti. No sabes bien cómo pasa, pero pasa. Te dejas llevar por las circunstancias, te dejas llevar por la inercia, y de repente, te encuentras en un sitio al que nunca pensabas que llegarías. A veces para bien, y a veces para mal.

Ese despertar, ese darse cuenta de que estás en un sitio al que nunca pensabas llegar, suele suceder en momentos de crisis, en momentos de ruptura de alguna de las circunstancias que se han hecho conocidas para nosotros.

Se rompen las “reglas del juego” y zas, de repente, tomamos conciencia de la situación.

A veces ni siquiera nos hemos dado cuenta del camino que hemos recorrido y que nos ha llevado hasta allí. Otras veces hemos sido conscientes, pero nos hemos dejado llevar. Y otras veces, hemos elegido conscientemente ese camino, sin saber muy bien adónde nos conducía.

El caso es que, producida la ruptura, producido el hecho de “darse cuenta” del dónde estamos, y de las circunstancias, aparece la incertidumbre, y con ella, el miedo.

El miedo a perder lo adquirido. El miedo a perder más de lo que ya he perdido. El miedo al vacío. El miedo a ser consciente de que es necesario actuar para modificar la situación.

Y con el miedo, afloran también todas nuestras inseguridades, aquellas que han estado camufladas a lo largo de todo ese tiempo, bajo una capa de falsa seguridad.

Y entonces, o nos paralizamos, o nos vamos en una huída hacia delante, dependiendo de nuestra personalidad.

Y ambos casos, perdemos opciones, al no tener libertad.

Libertad de elección.

73845_301082233334880_2120982878_nElección en cuanto a de qué forma reaccionar. Porque entre la parálisis y la huida hacia delante, existen muchos puntos intermedios. Tantos que es imposible nombrarlos, ya que dependen de la personalidad de cada uno de nosotros.

Estamos acostumbrados a mirar la realidad de una determinada manera. Desde nuestro punto de vista. Y ese punto de vista determina, sin que nos demos cuenta, nuestras elecciones y nuestras reacciones.

Y no nos damos cuenta de que podemos mirar de otra manera. Que podemos entrenarnos en elegir y en reaccionar de forma diferente, con más libertad.

Quizá, terminaremos eligiendo lo mismo, en alguna ocasión, pero será una elección meditada y sopesada, y no una reacción por impulso.

Los momentos de crisis, los momentos de rupturas, los momentos del “darse cuenta” son maravillosos. Por una sola razón: nos dan la oportunidad de elegir, de decidir.

Nos dan la oportunidad de ver que tenemos infinitos caminos. Algunos son para tomar, y otros son para construir.

Tenemos y debemos tomarnos tiempo. Tiempo para mirar de otra manera. Dentro de nosotros, y fuera de nosotros.

Creo que los mejores caminos son aquellos que nacen del interior. Aquellos que parten de lo que te mueve de forma más profunda, de aquello con lo que de verdad te entusiasmas y te comprometes.

Esos mejores caminos se construyen, a veces sobre algunos ya trazados, y otros se hacen pasito a pasito, y su origen casi siempre empieza en una crisis, en una ruptura, en un “darse cuenta”.

Entrenémonos entonces en escucharnos, dentro, quizá a veces, muy dentro de nosotros, para saber qué nos mueve, para saber qué nos entusiasma, para saber con qué nos comprometemos, más allá de los caminos que hemos ido tomando, más allá de nuestro punto de vista y de nuestras costumbres.

Entrenémonos en romper nuestra cotidianidad, nuestros hábitos. Observemos nuestras reacciones, físicas, emocionales, mentales. Identifiquemos las razones de nuestra aparente seguridad, y las de nuestra inseguridad.

Y cuando estemos ante el vacío del “darse cuenta”, cuando estemos en el momento de crisis, concedámonos un momento para imaginar. Un momento para dibujar en el vacío. Un momento para escuchar ese vacío.

Para construir, entre él y yo, todas las posibles opciones de caminos a tomar, o a construir. Teniendo claro, además, que nunca serán todas las posibles opciones, porque siempre serán dibujadas, construidas, a partir de un punto de vista.

Todos esos caminos conformarán nuestra cartografía del futuro, de nuestras opciones, más o menos fáciles, más o menos difíciles. Unas opciones con las que podemos afrontar nuestro miedo, nuestra inseguridad.

Y si nos escuchamos a nosotros mismos, escuchamos nuestro miedo, escuchamos nuestra inseguridad, también podremos escuchar nuestras pasiones, nuestros talentos, nuestros compromisos.

Y con todos ellos, podremos elegir desde el corazón, desde la emoción, desde la pasión, nuestro nuevo camino.

Puede que el camino aparezca claramente dibujado, certero, recto, meridianamente claro. Son los caminos para tomar, los caminos ya hechos, por otras personas, por las circunstancias, por nosotros mismos.

O puede que el camino sólo tenga una primera etapa, o ni siquiera eso. Son los caminos a construir, para los que se necesita valor y osadía. Quizá porque nunca los contemplé, o quizá porque nadie los ha seguido antes. Caminos de incertidumbre que pueden llevar a sitios maravillosos, o quizá sólo, nada más y nada menos, proporcionan una experiencia maravillosa de aprendizaje y crecimiento mientras se hacen, mientras se construyen.

Caminos para tomar, o caminos para construir.

Dependen de nosotros, dependen de nuestro interior, de nuestro punto de vista. De nuestra forma de mirar, hacia fuera, y hacia dentro. Nada más, y nada menos

¿Cómo vivimos?

Como empresa comprometida con el conseguir unas empresas más humanas, utilizamos el teatro como herramienta de entrenamiento y de descubrimiento. De entrenamiento de nosotros mismos, y de descubrimiento del profundo significado del NOSOTROS en una empresa.

Hoy es el día mundial del teatro, y John Malkovich ha sido el elegido por parte de la organización para elaborar el mensaje de este año. Un mensaje que invita a una reflexión profunda y apasionada, y que, aunque dirigida en principio a la comunidad teatral, nosotros creemos aplicable a todas y cada una de las personas que creen en la posibilidad y en el privilegio de trabajar para conseguir una vida personal y profesional plena. El mensaje dice así:

Que vuestro trabajo sea convincente y original. Que sea profundo, conmovedor, reflexivo y único. Que nos ayude a reflejar la cuestión de lo que significa ser humano y que dicho reflejo sea guiado por el corazón, la sinceridad, el candor y la gracia. 

Que superéis la adversidad, la censura, la pobreza y el nihilismo, algo a lo que, ciertamente, muchos de vosotros estaréis obligados a afrontar. 

Que seáis bendecidos con el talento y el rigor necesarios para enseñarnos cómo late el corazón humano en toda su complejidad, así como con la humildad y curiosidad necesarias para hacer de ello la obra de vuestra vida. Y que sea lo mejor de vosotros – ya que será lo mejor de vosotros, y aun así, se dará sólo en los momentos más singulares y breves – lo que consiga enmarcar esa que es la pregunta más básica de todas: “¿Cómo vivimos?”.

Que así sea…

Desaprender versus Desarrollo Emocional

Reproducimos aquí un artículo escrito por nuestro director creativo Adolfo del Río para su espacio de teatro y crecimiento, ETC etcétera.

Se ha puesto de moda la palabra desaprender, que según la RAE significa olvidar lo que se había aprendido. Evidentemente no tenemos que desaprender todo lo aprendido, sino lo mal aprendido. Si volvemos a recurrir a La RAE para ver los significados de aprender veremos dos acepciones; la primera “Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia”, y la segunda “Concebir algo por meras apariencias, o con poco fundamento”.

Es lo que hemos concebido por meras apariencias, o con poco fundamento lo que tenemos que desaprender. Es la imagen o apariencia de nosotros mismos, que hemos ido concibiendo o construyendo, la que tenemos que desaprender o deconstruir, porque lo hemos hecho con el único fundamento u objetivo de que nos acepten y nos quieran. Y para ello nos hemos olvidado de nosotros mismos, de nuestra esencia.

Está claro que la forma de desaprender es aumentando el grado de consciencia. Primero conociéndonos; siendo conscientes de la imagen que hemos construido de nosotros mismos, y de cómo lo hemos hecho y hacemos. Y después asumiendo que lo hemos hecho como hemos podido, y aceptándonos. Aceptando lo que realmente somos.

Parece paradójico, pero solo el hecho de ir desaprendiéndonos, deconstruyéndonos, o despojándonos de todas esas apariencias que nos hemos creído, es a la vez también aprender y construirse.

Es como si desaprendiendo lo mal aprendido, fuésemos más capaces de ver, de sentir, y de integrar lo bien aprendido, lo que realmente somos. Como si despojándonos de lo que no es nuestro, o de lo que no somos,  fuésemos más capaces de ver lo genuino, fuésemos más capaces de ser.

Parece ser que este es el camino aquí y ahora; desaprender y despojarnos de lo que no nos sirve, de lo que en el fondo no nos ayuda, y nos lleva irrevocablemente a ser víctimas de nosotros mismos, y a dejar víctimas por el camino.

Eso es lo que podemos hacer con y por nosotros mismos, pero hay algo más que podemos hacer. Si somos conscientes de esto que nos pasa, lo normal es que si nuestros hijos reciben la educación que nosotros recibimos, tengan en algún momento que desaprender.

El sistema educativo que tenemos tiene carencias. En los colegios el 98 % de las horas lectivas están dedicadas a adquirir conocimientos, y a desarrollar el intelecto de los niños. Ahora es el momento de educar a nuestros hijos para que desarrollen también la inteligencia emocional, para que se conozcan mejor, para que desarrollen la consciencia. Y así en el futuro tendrán que desaprender menos que nosotros porque habrán aprendido mejor.

Si volvemos a la definición de aprender de La RAE en su primera acepción; “Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia”, nos damos cuenta de que en los colegios enseñan a los niños a estudiar, pero les falta enseñarles a  adquirir los conocimientos por medio de la experiencia, les falta enseñarles a aprender  de lo experiencial. Lo que, aludiendo otra vez a  La RAE, significa aprender de sentir, de conocer, o de presenciar algo.

No enseñamos a los niños a sentir, a percatarse de lo que sienten, a gestionar las emociones, a expresarlas, a conocerse, a verse, a ver a los demás, a escuchar, a escucharse, a estar presentes, en definitiva a VIVIR.

ES EL MOMENTO DE EMPEZAR A HACERLO.

 

Escuchar…¿siempre?. ¿De qué manera?

Adjuntamos aquí un artículo de reflexión acerca de lo que creemos que es una de las cuestiones fundamentales de un buen liderazgo, la escucha. Artículo publicado en el blog “Un pequeño laboratorio de empresa. Teoría y práctica de las empresas humanas“.

Mucho se habla acerca del liderazgo y de la necesidad de que, todo líder que se precie de serlo, tiene sobre el hecho de escuchar. Leemos frases, recomendaciones, artículos, libros enteros.

Un líder escucha, ante todo y sobre todo, a sus colaboradores. Les anima a dar su punto de vista y les anima a colaborar en el diseño de la estrategia. Es una forma de construir y de hacer realidad la visión de la empresa. Es una forma de comprometerlos y de motivarlos. Es una forma de generar empresa.

Casi desde que tengo “uso de management“, he tratado de aplicar esa recomendación. He tratado y me he entrenado en escuchar, y seguiré haciéndolo durante toda mi vida, personal y profesional. Es uno de los valores fundamentales que creo que debe tener una empresa que se precie humana y que cuida a sus personas.

Y sin embargo, voy a reflexionar hoy aquí sobre si el escuchar y dar voz a todas las personas de la organización, es bueno y saludable para ella. Porque, como todo, siempre hay excepciones. Nada hay cien por cien blanco y nada hay cien por cien negro. La realidad es una mezcla de grises, y para mí, el buen líder es aquél que discrimina, aquél que identifica cuándo debe escuchar, a qué personas y de qué manera.

Porque dependiendo de la persona a la que des voz, de cómo está estructurada, en cuanto a personalidad y carácter, esa intención de construcción conjunta y esa búsqueda de compromiso y de equipo se perderá. Hay personalidades que rápidamente se ponen por encima, al sentirse escuchados, para reclamar, para hacerse notar, para generar una situación de deuda, ya que, sin su contribución, el éxito no hubiera sido posible. E incluso, para enunciar, sin ningún tipo de pudor y de vergüenza, que el hecho de darle voz, el hecho de escucharle y de aceptar sus propuestas y sus ideas, llega a ser una dejación de la responsabilidad del líder.

Esas afirmaciones, que destruyen confianza, y que destruyen equipo, ¿de quién son responsabilidad?. ¿Son responsabilidad de las personas que las enuncian, o son responsabilidad del líder que dió voz sin, en realidad, haber escuchado bien?.

Desde mi punto de vista, en la medida en la que ese comportamiento destruye confianza, destruye equipo y destruye empresa, en esa misma medida es responsabilidad del líder, que está abocado a reflexionar en qué punto del proceso se equivocó. Y muchas veces, al hacer esa reflexión, descubriremos que, la mayor parte de las veces, se equivocó en la selección de las personas, y se equivocó en lo que significa, de verdad, escuchar.

Porque para mí, escuchar, va mucho más allá de dar voz y de preguntar, de invitar a colaborar y a compartir. Todo eso es crucial, sí, pero es mucho más crucial escuchar para saber identificar a quién tenemos al lado. Con qué tipo de personas contamos, con qué estructura de personalidad. Escuchar para ver, ver de verdad, y poder adaptar ese dar voz, de la forma adecuada, y con los límites adecuados. Y esa adecuación no sale sino de entender y de comprender los mecanismos de funcionamiento, de defensa y de supervivencia, de las personas que tienen al lado.

Escuchar, en este sentido, se convierte en una profunda labor de investigación, que sólo puede salir bien si cada líder ha hecho ese ejercicio de escucha, profunda, en sí mismo, y está comprometido en hacerla con los demás. Y para eso, se necesita, como principal herramienta, una profunda dosis de compasión, por sí mismo y por los demás. Ésa es la esencia de la escucha, ya que ésa es la esencia de la naturaleza humana. La capacidad de ser compasivos.

Escuchemos entonces, con profundidad. Y entrenémonos en escuchar con compasión. A nosotros y a los demás. Identifiquemos nuestra personalidad, e identifiquemos la personalidad de aquellos con los que trabajamos. Y demos voz, con compasión,…y con límites…

Oliva González. Socia-directora de MyO Company.

La necesidad agudiza el ingenio…

Artículo de opinión de nuestro director creativo Adolfo del Río Obregón, sobre innovación, publicado en el portal de formación Curshophttp://curshop.wordpress.com/2012/01/24/la-necesidad-agudiza-el-ingenio/

Frente a la situación económica actual, surgió con fuerza una palabra que se menciona muy a menudo en los círculos empresariales. La palabra es INNOVACIÓN.

Desde todas las áreas se potencia este concepto. Se destaca que frente a la escasez de recursos, lo que debe hacer una empresa es renovarse. Renovarse para no morir. Para renovarse, se necesita dar una vuelta a lo ya establecido, y en ese sentido, cada empresa debe analizar su situación pasada, actual y futura, y decidir qué áreas, productos, servicios, puestos de trabajo, gestiones internas, o procesos sería conveniente renovar.

No hay una regla fija. Cada empresa tiene su personalidad propia, y nadie más que ella es capaz de detectar esos puntos susceptibles de cambio. Cambio. Palabra para muchos temida, y para otros un regalo.

Existen empresas y personas con más reticencia al cambio, y otras que no paran de probar cosas nuevas. Lo que sucede es que EL MERCADO ES UN SER VIVO. Y qué quiere decir esto? Pues que evoluciona. Que nunca es igual, que las circunstancias varían constantemente, y que hay que saber adaptarse a esos cambios, y hoy en día estos se producen a la velocidad del rayo. Por lo tanto, una empresa a la que siempre le fue bien con un producto X, con un estilo de gestión X, etc., ha podido vivir muy bien durante 15 años, pero aquello hoy está obsoleto. Estamos en la era de internet y la globalización. Todo va muy rápido. Los clientes buscan información que tienen al alcance de la mano. Saben mucho y comparan mucho. Y quieren lo último, lo novedoso, no algo que funcionaba hace 15 años exactamente igual que hace 15 años.

Así que hoy, más que nunca, debido a la escasez, se ponen en boca de todos conceptos como la innovación y la creatividad. Conceptos que bien trabajados pueden aportarnos eso que necesitamos para salir de nuestra propia crisis, aportando soluciones a muy bajo coste o incluso a ninguno. Sólo es cuestión de exprimir nuestro cerebro y el de los que nos rodean en busca de ideas nuevas, frescas, originales. Nuevas maneras de hacer las cosas, o cosas nuevas que ofrecer, y pensar cómo lograrlo de la mejor manera y más barata.

En ese proceso de búsqueda creativa, a veces nos estancamos o no nos vemos capaces de obtener resultados innovadores, y para solucionarlo existen miles de técnicas creativas que fomentan un ambiente creativo y receptivo a las nuevas ideas.

En Curshop queremos proponeros una de ellas, que no es ni más ni menos que introducir técnicas de otras áreas en el área empresarial. Por ejemplo, el teatro.

Esta técnica de utilizar otras herramientas que no son las habituales en un entorno diferente, podría asemejarse a la técnica de “Cándido” o “Técnica de Ojos Limpios”, la cual postula que si planteamos el problema a resolver a alguien que no tiene nada que ver con el problema, nos dará ideas totalmente nuevas, creativas, mucho más objetivas y “limpias” de prejuicios. O si nosotros entramos en un entorno absolutamente distinto del habitual, donde realizamos actividades absolutamente diferentes a las que solemos realizar, podremos cambiar el color del cristal con el que miramos aquello que nos preocupa y verlo desde otro punto de vista nuevo, sorprendente y absolutamente creativo. Luego sólo hay que saber adaptar esas ideas a nuestra empresa y ponerlas en práctica.

Hablamos con un especialista en técnicas creativas que nos aporta su visión profesional: Adolfo del Río Obregón, actor, director teatral, y director creativo de MyO Company.

Adolfo del Río Obregón, Director Creativo de MyO Company, en CurshopAdolfo del Río Obregón Director Creativo de MyO Company

Se habla mucho ahora de I+D+I. ¿Qué significa I+D+I?. Es más, ¿qué implica I+D+I?. ¿Cómo se relacionan la investigación, el desarrollo y la innovación?.

Para nosotros, se trata de investigar, para desarrollarse, para innovar; ó investigar, para innovar, para desarrollarse. Son dos caras de la misma moneda.

En definitiva, el objetivo es desarrollarse y crecer, que crezcan nuestras empresas, y el medio es la investigación y la innovación.

Estamos acostumbrados a movernos en los límites conocidos de nuestra realidad, cómodos dentro de nuestra certidumbre, seguros de la validez de nuestras ideas. Y esa seguridad y esa comodidad, generalmente, nos impiden ver más allá, nos impiden avanzar, y frenan nuestro desarrollo.

Innovar significa estar abierto  a lo nuevo, a lo desconocido, a lo incierto, a la inseguridad, y por lo tanto, abierto al desarrollo, de nosotros mismos y de nuestras empresas.

Puede que este estar abierto a lo nuevo, a lo desconocido, a lo incierto, a la inseguridad, nos de miedo y nos resulte algo incómodo. Sin embargo podemos hacer que sea un reto y un juego. Un juego interesante, retador, y sobre todo, divertido.

Por eso, en MyO Company, lo trabajamos en un taller que llamamos Innov-Arte, y que podemos explicar desde tres puntos de vista.

Trabajamos el arte de innovar, porque es así como vemos nosotros la innovación; como un arte en continuo desarrollo, en continuo crecimiento, en continua evolución y movimiento. Trabajamos como si fuera un laboratorio donde está permitida la equivocación, el error, y el fracaso. Cualquier fracaso es aprendizaje, y un punto de partida. Y el arte y la creación no pueden estar sometidos a resultados. Nuestro objetivo es BUSCAR para encontrar lo que venga, no para encontrar algo concreto predeterminado. Trabajamos en una dirección clara con la apertura necesaria para ver las ideas que van surgiendo en cada momento. Y luego seleccionamos las que nos pueden servir para que nuestra empresa crezca y se desarrolle.

Trabajamos la innovación a través del ARTE del teatro utilizando las técnicas teatrales de improvisación. Jugamos a hacer teatro. Y jugando y divirtiéndonos ponemos nuestras mentes, nuestros corazones, y nuestros instintos al servicio de la creación de ideas para el desarrollo de nuestras empresas. Y jugando a improvisar analizamos inconscientemente, subconscientemente, y conscientemente los pros y los contras de esas ideas, que podemos hacer para desarrollarlas, y como podemos hacer para implantarlas. A través de las técnicas teatrales de la improvisación experimentamos e investigamos en un gran LABORATORIO de IDEAS.

Y el tercer punto de vista y para nosotros el más importante por ser la base, es lo que significa la palabra innovarte en sí;  “innovar a ti mismo”.

En este laboratorio con lo primero que vamos a experimentar es con nosotros mismos, vamos a investigarnos a nosotros mismos, para desarrollarnos, y poner ese desarrollo al servicio del desarrollo de nuestro trabajo y de nuestra empresa.

En MYO Company partimos del pensamiento de que todo el mundo puede ser creativo, y por lo tanto todos SOMOS CREATIVOS. Se trata de encontrar y potenciar nuestra  creatividad a través del juego del teatro. No nos han enseñado creatividad en nuestros colegios, no nos han enseñado ni entrenado a ser creativos. Es más, normalmente los errores estaban penalizados, y no se puede ser creativo si no te das licencia para equivocarte una y otra vez. Con INNOVARTE tenemos la oportunidad de investigar y desarrollar nuestra creatividad, para innovar en nosotros mismos y en nuestras empresas.

Como dice John Cleese, “si quieres trabajadores creativos, dales tiempo suficiente para jugar”. Nosotros decimos, “si quieres ser creativo, juega”; “si quieres innovar, juega…con nosotros…”

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Innovarte

El coaching, una herramienta para ingenieros

Artículo publicado en la Revista Ingenio, del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Demarcación de Madrid. Número de octubre, noviembre y diciembre de 2011: http://www.caminosmadrid.es/es/Inicio/revista.jsp

Nuestra vida consiste en una sucesión de momentos. Momentos en los que a veces estás arriba y momentos en los que a veces estás abajo.

Más tarde o más temprano, los malos tiempos vienen. Y entonces, nosotros podemos hacer dos cosas: dejar que nos arrasen o ver las oportunidades que hay escondidas en ellos.

Lo que es un mal momento para mí, otro lo ve de forma diferente. Y lo que es mejor, que puede compartir su visión diferente, para construir juntos un nuevo mapa de ese momento. Resulta que, si ese otro está entrenado en cartografiar puentes donde hay barrancos, esos momentos terminan convertidos en una obra de ingeniería, y a veces, de gran ingeniería.

Es ahora, más que nunca, en la situación vital y económica que envuelve al mundo, un momento para entrenarse en ver de otra manera. En ampliar nuestra mirada. En aprender a ver puentes donde antes había barrancos y túneles donde antes sólo había grandes macizos montañosos.

De eso depende nuestra supervivencia. De eso depende nuestro crecimiento, como personas y como profesionales. De aprovechar estos momentos de crisis e incertidumbre para empezar a construir otras miradas, otras formas de ver, rompiendo la mirada colectiva negativa. Existen muchos que miran de forma diferente. Muchos que se han entrenado en esas formas de ver, constructivas en las crisis, y que están deseando compartir sus miradas, con nuestras miradas, con vuestras miradas.

Son los coaches, personas entrenadas en un proceso de diálogo cuyo objetivo es entrenar a otro en ampliar su mirada, a cambiar su forma de ser. A ese proceso de diálogo se le llama coaching.

Nosotros somos ingenieros, y como ingenieros, estamos acostumbrados a intervenir en la naturaleza. A modificarla. A hacerla más “amigable” y más productiva para nosotros.

Sabemos que hay obstáculos. Sabemos que hay que estudiar el terreno, hacer sondeos, planificar intervenciones, encontrar la mejor manera de construir algo.

Esto mismo es lo que hace el coaching. Donde nosotros intervenimos en la naturaleza física, el coaching interviene en la naturaleza humana.

Al igual que ocurre con la naturaleza física, nuestra naturaleza humana necesita que le pongamos objetivos, que abramos nuestras perspectivas. Necesita planificar, soñar, ambicionar…y así, conseguir resultados más allá de lo que podría ser previsible.

Ingenieros como somos, disponemos de fuerzas, disponemos de energías, disponemos de ganas, y disponemos de tesón. Sin embargo, hay muchas veces que nos falta algo que nos permita mirar más allá, y más acá, de lo que nuestra vista alcanza y de lo que nuestra mente alcanza.

Al igual que la maquinaria más precisa, todos tenemos un límite, más allá del cual no vemos. No porque no tengamos capacidad, sino porque ese límite es a donde nos ha llevado nuestra experiencia. Todos vemos la realidad de una determinada manera y todos nos enfrentamos a ella con nuestro propio mapa del mundo.

Y como todos los mapas, nuestros mapas de la realidad tienen límites y limitaciones. Lo que ve uno es diferente de lo que ve otro. La precisión de uno es diferente de la precisión de otro. Y para poder avanzar, a veces, necesitamos cambiar nuestra escala del mapa.

Eso es lo que permite el coaching. No estamos hablando de psicología. No estamos hablando de terapias. No estamos hablando de buscarle seis pies, a un gato que tiene cuatro. Estamos hablando de economías de escala. Estamos hablando de entrenarnos en ser cada vez más precisos. De entrenarnos para cambiar la escala de nuestros mapas. De entrenarnos para que, al igual que somos capaces de moldear a nuestro gusto la naturaleza física, podamos ser cada vez más capaces de moldear nuestra naturaleza humana.

¿Cómo se consigue eso?. Pues se consigue a base de dialogar. De dialogar de determinada manera. Contestando preguntas. Las preguntas que te hace una persona especialista en escuchar y en preguntar, en base a lo que ha escuchado. Pregunta para abrir nuevos caminos en nuestros mapas del mundo y de la realidad.

Y mientras nosotros contestamos, mientras reflexionamos para contestar, invariablemente, aparecerán ante nosotros, nuevos valles y nuevas montañas, nuevos recodos en el camino, nuevos puentes y nuevos túneles. Nuevas formas de ver, y por tanto, nuevas formas de conseguir objetivos que, de otra manera, no hubiéramos podido conseguir.

¿Es el coaching para todos? Pues no tiene por qué. El coaching es para aquellos que quieren ser exploradores de sus propios mundos personales, e ingenieros de esos mundos. Para aquellos que, una vez conquistada la naturaleza física, quieren conquistar su propia naturaleza humana, porque saben que eso, invariablemente, les lleva a un nuevo nivel de conquista en la naturaleza física. Para aquellos que quieren resultados extraordinarios sin dejar de ser ellos mismos. Para aquellos, en definitiva, que entienden la vida como un desafío sin fin.

Es hora de empezar a cambiar nuestra mirada, de construir puentes y túneles, para nosotros mismos, y para los demás…

¿A qué esperáis?

Hemos perdido la capacidad de emocionarnos

Tribuna publicada en Equipos y Talento: http://www.equiposytalento.com/tribunas/myo-company/hemos-perdido-la-capacidad-de-emocionarnos

Nosotros, los directivos, hemos perdido la capacidad de emocionarnos.

Preferimos estar a salvo en nuestros modelos mentales. En nuestras formas de entender las cosas. Reflexionando. Pensando. Olvidando todo lo que tenga relación con la emoción.

Porque relacionarnos con la emoción, supone enfrentarnos al miedo, a la soledad, a la decepción, a la improvisación, a la espontaneidad.

Lo que hemos olvidado, es que esas posibles desventajas que evitamos, son necesarias para poder disfrutar. Para poder alegrarnos, para poder tener entusiasmo. Para poder tener pasión.

Todo en la naturaleza está en equilibrio. Todo, al menos, tiene dos caras, el Ying y el Yang, que se unen en los opuestos, y que nos ofrecen un complejísimo mapa de intermedios entre esos dos opuestos.

Todo eso nos lo perdemos. Lo preferimos. O quizá, es que no lo hemos visto nunca. Hemos sido personas de blancos o negros, y por tanto, no hemos visto los intermedios. La riqueza de la realidad.

Suponemos que la enorme ventaja de no lidiar con el miedo, de no verlo, de no ver la soledad, de no decepcionarnos, de no ser espontáneos, nos da el control. El control de la situación.

Y lo que no entendemos es que, que no lidiemos con el miedo, no significa que no lo tengamos. Que no lidiemos con la soledad, no significa que no la tengamos. Que no lidiemos con las decepciones, no significa que no estemos decepcionados.

Hace tanto tiempo que no nos permitimos sentir esas cosas, que parece que hubieran desaparecido. Que no formaran parte de nuestra personalidad. Somos seres controlados, que se mueven controladamente, dirigiendo nuestras unidades de negocio, nuestras divisiones, nuestras empresas.

De vez en cuando nos preguntamos por qué nuestros colaboradores no nos siguen con entusiasmo. Por qué están cada vez menos motivados. Qué tendríamos que hacer para que estuvieran más motivados. Qué les pasará. Si nosotros hacemos todo lo que podemos. ¿Le pasa algo a nuestra capacidad de liderazgo?. ¿Son éstas las personas adecuadas?.

Pocas veces se nos ocurre pensar que lo que está pasando es que cada vez somos menos humanos. Que cada vez somos más como ordenadores andantes. Que estamos perdiendo a marchas forzadas nuestra humanidad, en aras del control y de la falta de espontaneidad.

Olvidamos que las empresas son humanas, porque nosotros somos humanos y nuestros colaboradores también.

Y que lidiar con “lo humano” significa estar abierto a lo imprevisible, a lo inexacto, a lo emocional, a la diversidad, a la pasión, a la emoción, a la complejidad, a la incertidumbre, etc.

Y ser líderes, significa ser capaz de lidiar con “lo humano”. De estar cómodo en la incertidumbre, en la complejidad, entre humanos, emocionales y complejos.

Queriendo perder parte de nuestra humanidad, de aquello que de verdad nos hace humanos, perdemos un enorme potencial y una enorme herramienta de desarrollo, ya que motivar y desarrollar a alguien, se hace desde la emoción, desde el corazón, desde la pasión, desde el ponerse en el lugar del otro, desde la empatía.

Cierto que necesitamos la reflexión y el control, pero también necesitamos la espontaneidad y el juego. Necesitamos jugar. Necesitamos poder ser imperfectos para atrevernos a ir más allá. Necesitamos darnos licencia para equivocarnos, para poder brillar después. Necesitamos querer descubrir la maravilla de ese complejo mapa de la realidad que existe entre dos polos opuestos y que nos negamos a ver porque escogemos estar en un extremo.

Necesitamos probar el vértigo de la incertidumbre para poder conquistar la libertad y la flexibilidad. Para poder empezar a entrenarnos en elegir aquello que sea lo mejor en cada caso.

Y si el caso requiere reflexión sesuda, daremos reflexión sesuda. Y si el caso requiere pura emoción, daremos pura emoción. No nos podemos permitir renunciar a una posición determinada entre cualquiera de esos dos extremos. O de cualquiera de otros extremos entre los que cada uno de nosotros se mueva.

La revolución industrial terminó hace ya mucho tiempo. Las labores de producción que requerían una deshumanización de la fuerza de producción, hace tiempo que se han modificado. Y si nosotros no pensamos así, es hora de que nos demos cuenta de que es así.

El mercado es otro. Las necesidades son otras. Vamos hacia la conquista del individuo y de la libertad. Y nosotros debemos estar preparados para ello. Escuchemos al mercado. Escuchemos a nuestros colaboradores. Escuchémonos a nosotros mismos. Y démonos cuenta de que sólo conquistando nuestra humanidad, podremos conquistar a nuestros colaboradores y a nuestro mercado.

Porque, ¿qué es si no el ejercicio del liderazgo?. La capacidad de conquistar individuos, con libertad propia, con necesidades propias, que deciden voluntariamente, seguirte hacia donde sea, unidos por una visión compartida.

Y ese tipo de conquistas sólo se consiguen, siendo imperfectos, siendo humanos, siendo capitanes de nuestra alma  y de nuestros corazones. Desconociendo nuestros corazones, ¿cómo conquistar los corazones de los otros?.

El entrenamiento en el ejercicio del liderazgo, debiera ser algo parecido a lo que nos dice Pablo Neruda en estas líneas:

Debo andar con el viento y el agua, abrir ventanas, echar abajo puertas, romper muros, iluminar rincones

Andemos con el viento y el agua, con nuestra mente y nuestras emociones, con nuestras pasiones, abramos nuestras ventanas, echemos abajo nuestros muros y nuestras barreras, compuestos de nuestros miedos e indecisiones, e iluminemos nuestros corazones, para poder ayudar a los demás a hacer lo mismo.

De ello depende nuestra supervivencia directiva y la supervivencia de las empresas. Y aunque muchos no lo crean, la rentabilidad adicional de nuestras cuentas de resultados también está ahí. En permitirnos nuestra humanidad, y permitírsela a los demás.