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Reflexionando sobre la competitividad

Artículo de opinión escrito para Madri+d: http://bit.ly/1aHfYIe

Vivimos en un mundo en el que estamos forzados a ser competitivos. Competitividad es palabra clave, necesidad, obligación, imposición. El que no es competitivo, nos repiten, quedará fuera del mercado. Necesitamos ser más competitivos. Innovemos. Seamos creativos.

Y yo me pregunto, siempre, qué querrá decir esto de ser competitivo. Qué me están diciendo cuando me dicen que tengo que ser competitiva. Ya sólo el hecho de tener que… me pone los pelos de punta.

Porque desde la obligación, nada bueno sale. Y desde el mensaje machacón, tampoco. La obligación y la saturación minan la moral, minan los esfuerzos, y terminan con uno, más tarde o más temprano.

Se me antoja la situación a algo así como el burro que va esforzándose para conseguir la zanahoria que le han puesto a cierta distancia, con el agravante de que aquí, ni somos burros, ni la zanahoria es tal zanahoria, sino una entelequia que la mayoría de nosotros, forzados, ni siquiera nos hemos puesto a ver qué significa.

Como directivo, o como empresario, o como emprendedor, o como trabajador, o como aquello que seamos, debiéramos reflexionar. Ver qué significa, para cada uno de nosotros, esa panacea que se llama competitividad. Y después de reflexionar, ver si lo que nosotros entendemos por competitividad, es lo que nos están vendiendo.

Para mí, ser competitiva es muy simple. Es estar en el mercado, entendiendo por ello, el que compren aquello que hago, que tenga perspectivas de que eso va a seguir siendo así, y que puedo vivir con el precio al que me lo compran, y al que me lo seguirán comprando. Esta definición implica, para mí, un determinado esfuerzo, y una determinada manera de ser, y de estar en el mercado. Si cambio una sola cosa de las que he incluido, cambia esa manera de ser, y esa manera de estar en el mercado, y por tanto, cambia el esfuerzo que tengo que hacer para que eso se dé.

Abarca una doble mirada. Una mirada interior, mi producto y mi esfuerzo para estar en el mercado, y una mirada exterior, la comprensión profunda de la realidad del mercado, y de sus perspectivas de evolución.

Nótese que en ningún momento he nombrado a un solo competidor. Mi definición me implica a mí y al mercado que me compra. No miro a mi competidor, no me esfuerzo en ser mejor que él, porque la energía que emplearía en ver a mi competidor, y en ser mejor que él, la pierdo en entender cómo ser y cómo estar en el mercado.

Creo que la mayoría de los problemas de competitividad derivan de ese hecho. De estar mirando más hacia el otro que hacia uno mismo. De estar queriendo ganar más que el otro, que de ver si con lo que gano, sobrevivo, y vivo. 

Fuente de la imagen: http://bit.ly/1ewOald

Y así, nos enfrascamos la gran mayoría de las veces, en pervertirnos a nosotros mismos, en ofrecer y en estar en el mercado, en posiciones y productos tan alejados de lo que íntimamente somos, que con cualquier contratiempo, nos vamos abajo. 

En el mercado hay infinitas posibilidades, miles de grados de poderes de compra y, sin embargo, nos encontramos con competencias feroces, que estrangulan mercados enteros, y que dejan completamente insatisfechos a los clientes, ya que estamos centrados en competir, y no en estar.

Si el lector mira un momento hacia sí mismo, y se pregunta, ¿qué producto vendo?, ¿qué relación tiene conmigo?, ¿por qué es de esta manera y no de la otra?, ¿qué hace que el mercado lo compre?, ¿cuánto tiempo podré seguir vendiéndolo?, y le cuesta responder a alguna de ellas, o en sus respuestas aparece un competidor, entonces, quizá, está lejos de ser competitivo.

Miremos dentro. Miremos qué somos. Miremos qué necesita nuestro producto para vivir. Miremos si el mercado quiere lo que somos, y el producto que tenemos, y por qué. Y démonos alas a nosotros y alas a nuestro mercado. Para mí, esa es la esencia de la innovación, y de la competitividad. Al menos, hoy, ahora. ¿O no?

Competir versus cooperar

Día a día, miles de personas compiten en sus empresas y en su vida personal.

La competición y el resultado de la misma lo que indican es que alguien hace algo mejor que otro. Lo que no se indica es si eso que se hace es bueno, para la empresa, para la sociedad y para los implicados.

Hay veces que la competición es buena, impulsa el desarrollo y el crecimiento.

Sin embargo, hay muchas ocasiones en las que el resultado es el que se ve en el vídeo:

¿Qué se necesita para que estos dos cooperen en lugar de que compitan?

¿Cuando es más indicada la cooperación, y cuándo es más indicada la competición?

¿Se puede competir y cooperar a la vez?

Coaching, branding y aprendizaje experiencial

La situación económica mundial, y particularmente, la situación española, nos empuja hacia cambios profundos en la forma de trabajar y en la forma de comunicarnos.

Cada vez es más necesario, hasta el punto de convertirse en vital en algunas ocasiones, saber bien qué imagen tenemos y qué imagen transmitimos, personal y profesionalmente, porque eso es lo que nos distingue de lo demás.

Y una vez sabiendo esas dos cosas, estaremos en disposición de saber en qué cuestiones tenemos que trabajar para poder ir ganando en confianza, en credibilidad, en seguridad, en crecimiento y en resultados.

Hace ya muchos años que uno de los mejores pensadores de management del mundo, Charles Handy, escribió un libro fundamental: “El elefante y la pulga”, en el que hablaba de cómo iba a evolucionar el mundo económico y empresarial, desde un sistema protegido por grandes multinacionales que actuaban como patriarcado, hasta un sistema totalmente diferente, basado en la individualidad y el trabajo autónomo.

Hoy en día se está produciendo a gran escala este cambio que anunciaba Handy, un cambio que es una enorme oportunidad de ganar en respeto, en crecimiento, en profesionalidad y en humanidad en el mundo empresarial.

Y en ese cambio de escala, la imagen es esencial. El saber vender, el saber transmitir, el saber comunicar, con pasión, con entusiasmo, con confianza, aquello que nosotros sabemos hacer, aquello que nosotros podemos aportar, es algo de lo que tenemos que preocuparnos, desde ya. De nada nos sirve ser buenísimos consultores, o buenísimos ingenieros, o buenísimos expertos medioambientales, si el otro, si el mercado, no se entera y no se convence de que eso es así, de que nosotros somos valiosos y de que generamos y aportamos valor añadido esencial para su crecimiento.

Preocuparse de esto, significa buscar la manera de saber en qué punto me encuentro, qué clase de vendedor, qué clase de comunicador soy, y qué mensaje estoy trasladando y cómo se está entendiendo ese mensaje.

Preocuparse de esto, significa también, que, una vez que sé en qué punto me encuentro, busco las herramientas necesarias para avanzar, para mejorar, para ser cada vez mejor en eso.

Herramientas hay muchas. Para nosotros, dos de las más potentes, son el coaching y el aprendizaje experiencial.

El coaching aporta la reflexión y el descubrimiento de nuestra forma de mirar, de nuestra forma de entender el mundo. De cómo lo enjuiciamos y de cómo nos juzgamos a nosotros mismos y a los demás. Y de qué trabas nos ponemos con base en esos juicios. Aporta también la posibilidad de liberarnos, en cierta medida, de esos juicios, de esas creencias, cambiándolas o modificándolas, o simplemente, poniéndolas a favor nuestro.

El aprendizaje experiencial aporta la posibilidad de entrenar, de simular, de probar, de equivocarse, de mejorar en situaciones simuladas nuestra respuesta, para que, cuando llegue la verdadera oportunidad, nosotros podamos responder de la mejor manera posible.

Nuestra imagen profesional descansa en una serie de competencias, todas ellas relacionadas con la inteligencia emocional. El coaching y el aprendizaje experiencial permiten el entrenamiento y la mejora de todas y cada una de esas competencias, y por tanto, un desarrollo de nuestra inteligencia emocional.

¿Cómo aprenderemos mejor a negociar: leyendo un libro, aunque sea buenísimo, sobre negociación, o poniéndonos a negociar, teniendo a nuestra disposición dos o más personas que nos van a ayudar a ver dónde podemos mejorar?.

¿Cómo aprenderemos mejor a lidiar con nuestro estrés: viendo un vídeo de relajación, o practicando distintas técnicas guiadas?.

En la jornada de coaching, branding y aprendizaje experiencial celebrada el 18 de julio en el Instituto Superior de Medio Ambiente, impartida por MyO Company, se tuvo la oportunidad de ver y experimentar las ventajas de este tipo de herramientas.

Fue una pequeña prueba de un programa formativo intenso y profundo, en métodos y herramientas, que puede prepararnos para un salto cualitativo en nuestras habilidades profesionales y en nuestra imagen.

No te lo pierdas. El futuro te espera.

 

¿Cómo vivimos?

Como empresa comprometida con el conseguir unas empresas más humanas, utilizamos el teatro como herramienta de entrenamiento y de descubrimiento. De entrenamiento de nosotros mismos, y de descubrimiento del profundo significado del NOSOTROS en una empresa.

Hoy es el día mundial del teatro, y John Malkovich ha sido el elegido por parte de la organización para elaborar el mensaje de este año. Un mensaje que invita a una reflexión profunda y apasionada, y que, aunque dirigida en principio a la comunidad teatral, nosotros creemos aplicable a todas y cada una de las personas que creen en la posibilidad y en el privilegio de trabajar para conseguir una vida personal y profesional plena. El mensaje dice así:

Que vuestro trabajo sea convincente y original. Que sea profundo, conmovedor, reflexivo y único. Que nos ayude a reflejar la cuestión de lo que significa ser humano y que dicho reflejo sea guiado por el corazón, la sinceridad, el candor y la gracia. 

Que superéis la adversidad, la censura, la pobreza y el nihilismo, algo a lo que, ciertamente, muchos de vosotros estaréis obligados a afrontar. 

Que seáis bendecidos con el talento y el rigor necesarios para enseñarnos cómo late el corazón humano en toda su complejidad, así como con la humildad y curiosidad necesarias para hacer de ello la obra de vuestra vida. Y que sea lo mejor de vosotros – ya que será lo mejor de vosotros, y aun así, se dará sólo en los momentos más singulares y breves – lo que consiga enmarcar esa que es la pregunta más básica de todas: “¿Cómo vivimos?”.

Que así sea…

Desaprender versus Desarrollo Emocional

Reproducimos aquí un artículo escrito por nuestro director creativo Adolfo del Río para su espacio de teatro y crecimiento, ETC etcétera.

Se ha puesto de moda la palabra desaprender, que según la RAE significa olvidar lo que se había aprendido. Evidentemente no tenemos que desaprender todo lo aprendido, sino lo mal aprendido. Si volvemos a recurrir a La RAE para ver los significados de aprender veremos dos acepciones; la primera “Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia”, y la segunda “Concebir algo por meras apariencias, o con poco fundamento”.

Es lo que hemos concebido por meras apariencias, o con poco fundamento lo que tenemos que desaprender. Es la imagen o apariencia de nosotros mismos, que hemos ido concibiendo o construyendo, la que tenemos que desaprender o deconstruir, porque lo hemos hecho con el único fundamento u objetivo de que nos acepten y nos quieran. Y para ello nos hemos olvidado de nosotros mismos, de nuestra esencia.

Está claro que la forma de desaprender es aumentando el grado de consciencia. Primero conociéndonos; siendo conscientes de la imagen que hemos construido de nosotros mismos, y de cómo lo hemos hecho y hacemos. Y después asumiendo que lo hemos hecho como hemos podido, y aceptándonos. Aceptando lo que realmente somos.

Parece paradójico, pero solo el hecho de ir desaprendiéndonos, deconstruyéndonos, o despojándonos de todas esas apariencias que nos hemos creído, es a la vez también aprender y construirse.

Es como si desaprendiendo lo mal aprendido, fuésemos más capaces de ver, de sentir, y de integrar lo bien aprendido, lo que realmente somos. Como si despojándonos de lo que no es nuestro, o de lo que no somos,  fuésemos más capaces de ver lo genuino, fuésemos más capaces de ser.

Parece ser que este es el camino aquí y ahora; desaprender y despojarnos de lo que no nos sirve, de lo que en el fondo no nos ayuda, y nos lleva irrevocablemente a ser víctimas de nosotros mismos, y a dejar víctimas por el camino.

Eso es lo que podemos hacer con y por nosotros mismos, pero hay algo más que podemos hacer. Si somos conscientes de esto que nos pasa, lo normal es que si nuestros hijos reciben la educación que nosotros recibimos, tengan en algún momento que desaprender.

El sistema educativo que tenemos tiene carencias. En los colegios el 98 % de las horas lectivas están dedicadas a adquirir conocimientos, y a desarrollar el intelecto de los niños. Ahora es el momento de educar a nuestros hijos para que desarrollen también la inteligencia emocional, para que se conozcan mejor, para que desarrollen la consciencia. Y así en el futuro tendrán que desaprender menos que nosotros porque habrán aprendido mejor.

Si volvemos a la definición de aprender de La RAE en su primera acepción; “Adquirir el conocimiento de algo por medio del estudio o de la experiencia”, nos damos cuenta de que en los colegios enseñan a los niños a estudiar, pero les falta enseñarles a  adquirir los conocimientos por medio de la experiencia, les falta enseñarles a aprender  de lo experiencial. Lo que, aludiendo otra vez a  La RAE, significa aprender de sentir, de conocer, o de presenciar algo.

No enseñamos a los niños a sentir, a percatarse de lo que sienten, a gestionar las emociones, a expresarlas, a conocerse, a verse, a ver a los demás, a escuchar, a escucharse, a estar presentes, en definitiva a VIVIR.

ES EL MOMENTO DE EMPEZAR A HACERLO.

 

La necesidad agudiza el ingenio…

Artículo de opinión de nuestro director creativo Adolfo del Río Obregón, sobre innovación, publicado en el portal de formación Curshophttp://curshop.wordpress.com/2012/01/24/la-necesidad-agudiza-el-ingenio/

Frente a la situación económica actual, surgió con fuerza una palabra que se menciona muy a menudo en los círculos empresariales. La palabra es INNOVACIÓN.

Desde todas las áreas se potencia este concepto. Se destaca que frente a la escasez de recursos, lo que debe hacer una empresa es renovarse. Renovarse para no morir. Para renovarse, se necesita dar una vuelta a lo ya establecido, y en ese sentido, cada empresa debe analizar su situación pasada, actual y futura, y decidir qué áreas, productos, servicios, puestos de trabajo, gestiones internas, o procesos sería conveniente renovar.

No hay una regla fija. Cada empresa tiene su personalidad propia, y nadie más que ella es capaz de detectar esos puntos susceptibles de cambio. Cambio. Palabra para muchos temida, y para otros un regalo.

Existen empresas y personas con más reticencia al cambio, y otras que no paran de probar cosas nuevas. Lo que sucede es que EL MERCADO ES UN SER VIVO. Y qué quiere decir esto? Pues que evoluciona. Que nunca es igual, que las circunstancias varían constantemente, y que hay que saber adaptarse a esos cambios, y hoy en día estos se producen a la velocidad del rayo. Por lo tanto, una empresa a la que siempre le fue bien con un producto X, con un estilo de gestión X, etc., ha podido vivir muy bien durante 15 años, pero aquello hoy está obsoleto. Estamos en la era de internet y la globalización. Todo va muy rápido. Los clientes buscan información que tienen al alcance de la mano. Saben mucho y comparan mucho. Y quieren lo último, lo novedoso, no algo que funcionaba hace 15 años exactamente igual que hace 15 años.

Así que hoy, más que nunca, debido a la escasez, se ponen en boca de todos conceptos como la innovación y la creatividad. Conceptos que bien trabajados pueden aportarnos eso que necesitamos para salir de nuestra propia crisis, aportando soluciones a muy bajo coste o incluso a ninguno. Sólo es cuestión de exprimir nuestro cerebro y el de los que nos rodean en busca de ideas nuevas, frescas, originales. Nuevas maneras de hacer las cosas, o cosas nuevas que ofrecer, y pensar cómo lograrlo de la mejor manera y más barata.

En ese proceso de búsqueda creativa, a veces nos estancamos o no nos vemos capaces de obtener resultados innovadores, y para solucionarlo existen miles de técnicas creativas que fomentan un ambiente creativo y receptivo a las nuevas ideas.

En Curshop queremos proponeros una de ellas, que no es ni más ni menos que introducir técnicas de otras áreas en el área empresarial. Por ejemplo, el teatro.

Esta técnica de utilizar otras herramientas que no son las habituales en un entorno diferente, podría asemejarse a la técnica de “Cándido” o “Técnica de Ojos Limpios”, la cual postula que si planteamos el problema a resolver a alguien que no tiene nada que ver con el problema, nos dará ideas totalmente nuevas, creativas, mucho más objetivas y “limpias” de prejuicios. O si nosotros entramos en un entorno absolutamente distinto del habitual, donde realizamos actividades absolutamente diferentes a las que solemos realizar, podremos cambiar el color del cristal con el que miramos aquello que nos preocupa y verlo desde otro punto de vista nuevo, sorprendente y absolutamente creativo. Luego sólo hay que saber adaptar esas ideas a nuestra empresa y ponerlas en práctica.

Hablamos con un especialista en técnicas creativas que nos aporta su visión profesional: Adolfo del Río Obregón, actor, director teatral, y director creativo de MyO Company.

Adolfo del Río Obregón, Director Creativo de MyO Company, en CurshopAdolfo del Río Obregón Director Creativo de MyO Company

Se habla mucho ahora de I+D+I. ¿Qué significa I+D+I?. Es más, ¿qué implica I+D+I?. ¿Cómo se relacionan la investigación, el desarrollo y la innovación?.

Para nosotros, se trata de investigar, para desarrollarse, para innovar; ó investigar, para innovar, para desarrollarse. Son dos caras de la misma moneda.

En definitiva, el objetivo es desarrollarse y crecer, que crezcan nuestras empresas, y el medio es la investigación y la innovación.

Estamos acostumbrados a movernos en los límites conocidos de nuestra realidad, cómodos dentro de nuestra certidumbre, seguros de la validez de nuestras ideas. Y esa seguridad y esa comodidad, generalmente, nos impiden ver más allá, nos impiden avanzar, y frenan nuestro desarrollo.

Innovar significa estar abierto  a lo nuevo, a lo desconocido, a lo incierto, a la inseguridad, y por lo tanto, abierto al desarrollo, de nosotros mismos y de nuestras empresas.

Puede que este estar abierto a lo nuevo, a lo desconocido, a lo incierto, a la inseguridad, nos de miedo y nos resulte algo incómodo. Sin embargo podemos hacer que sea un reto y un juego. Un juego interesante, retador, y sobre todo, divertido.

Por eso, en MyO Company, lo trabajamos en un taller que llamamos Innov-Arte, y que podemos explicar desde tres puntos de vista.

Trabajamos el arte de innovar, porque es así como vemos nosotros la innovación; como un arte en continuo desarrollo, en continuo crecimiento, en continua evolución y movimiento. Trabajamos como si fuera un laboratorio donde está permitida la equivocación, el error, y el fracaso. Cualquier fracaso es aprendizaje, y un punto de partida. Y el arte y la creación no pueden estar sometidos a resultados. Nuestro objetivo es BUSCAR para encontrar lo que venga, no para encontrar algo concreto predeterminado. Trabajamos en una dirección clara con la apertura necesaria para ver las ideas que van surgiendo en cada momento. Y luego seleccionamos las que nos pueden servir para que nuestra empresa crezca y se desarrolle.

Trabajamos la innovación a través del ARTE del teatro utilizando las técnicas teatrales de improvisación. Jugamos a hacer teatro. Y jugando y divirtiéndonos ponemos nuestras mentes, nuestros corazones, y nuestros instintos al servicio de la creación de ideas para el desarrollo de nuestras empresas. Y jugando a improvisar analizamos inconscientemente, subconscientemente, y conscientemente los pros y los contras de esas ideas, que podemos hacer para desarrollarlas, y como podemos hacer para implantarlas. A través de las técnicas teatrales de la improvisación experimentamos e investigamos en un gran LABORATORIO de IDEAS.

Y el tercer punto de vista y para nosotros el más importante por ser la base, es lo que significa la palabra innovarte en sí;  “innovar a ti mismo”.

En este laboratorio con lo primero que vamos a experimentar es con nosotros mismos, vamos a investigarnos a nosotros mismos, para desarrollarnos, y poner ese desarrollo al servicio del desarrollo de nuestro trabajo y de nuestra empresa.

En MYO Company partimos del pensamiento de que todo el mundo puede ser creativo, y por lo tanto todos SOMOS CREATIVOS. Se trata de encontrar y potenciar nuestra  creatividad a través del juego del teatro. No nos han enseñado creatividad en nuestros colegios, no nos han enseñado ni entrenado a ser creativos. Es más, normalmente los errores estaban penalizados, y no se puede ser creativo si no te das licencia para equivocarte una y otra vez. Con INNOVARTE tenemos la oportunidad de investigar y desarrollar nuestra creatividad, para innovar en nosotros mismos y en nuestras empresas.

Como dice John Cleese, “si quieres trabajadores creativos, dales tiempo suficiente para jugar”. Nosotros decimos, “si quieres ser creativo, juega”; “si quieres innovar, juega…con nosotros…”

Información y Vídeos:

Innovarte

El coaching, una herramienta para ingenieros

Artículo publicado en la Revista Ingenio, del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Demarcación de Madrid. Número de octubre, noviembre y diciembre de 2011: http://www.caminosmadrid.es/es/Inicio/revista.jsp

Nuestra vida consiste en una sucesión de momentos. Momentos en los que a veces estás arriba y momentos en los que a veces estás abajo.

Más tarde o más temprano, los malos tiempos vienen. Y entonces, nosotros podemos hacer dos cosas: dejar que nos arrasen o ver las oportunidades que hay escondidas en ellos.

Lo que es un mal momento para mí, otro lo ve de forma diferente. Y lo que es mejor, que puede compartir su visión diferente, para construir juntos un nuevo mapa de ese momento. Resulta que, si ese otro está entrenado en cartografiar puentes donde hay barrancos, esos momentos terminan convertidos en una obra de ingeniería, y a veces, de gran ingeniería.

Es ahora, más que nunca, en la situación vital y económica que envuelve al mundo, un momento para entrenarse en ver de otra manera. En ampliar nuestra mirada. En aprender a ver puentes donde antes había barrancos y túneles donde antes sólo había grandes macizos montañosos.

De eso depende nuestra supervivencia. De eso depende nuestro crecimiento, como personas y como profesionales. De aprovechar estos momentos de crisis e incertidumbre para empezar a construir otras miradas, otras formas de ver, rompiendo la mirada colectiva negativa. Existen muchos que miran de forma diferente. Muchos que se han entrenado en esas formas de ver, constructivas en las crisis, y que están deseando compartir sus miradas, con nuestras miradas, con vuestras miradas.

Son los coaches, personas entrenadas en un proceso de diálogo cuyo objetivo es entrenar a otro en ampliar su mirada, a cambiar su forma de ser. A ese proceso de diálogo se le llama coaching.

Nosotros somos ingenieros, y como ingenieros, estamos acostumbrados a intervenir en la naturaleza. A modificarla. A hacerla más “amigable” y más productiva para nosotros.

Sabemos que hay obstáculos. Sabemos que hay que estudiar el terreno, hacer sondeos, planificar intervenciones, encontrar la mejor manera de construir algo.

Esto mismo es lo que hace el coaching. Donde nosotros intervenimos en la naturaleza física, el coaching interviene en la naturaleza humana.

Al igual que ocurre con la naturaleza física, nuestra naturaleza humana necesita que le pongamos objetivos, que abramos nuestras perspectivas. Necesita planificar, soñar, ambicionar…y así, conseguir resultados más allá de lo que podría ser previsible.

Ingenieros como somos, disponemos de fuerzas, disponemos de energías, disponemos de ganas, y disponemos de tesón. Sin embargo, hay muchas veces que nos falta algo que nos permita mirar más allá, y más acá, de lo que nuestra vista alcanza y de lo que nuestra mente alcanza.

Al igual que la maquinaria más precisa, todos tenemos un límite, más allá del cual no vemos. No porque no tengamos capacidad, sino porque ese límite es a donde nos ha llevado nuestra experiencia. Todos vemos la realidad de una determinada manera y todos nos enfrentamos a ella con nuestro propio mapa del mundo.

Y como todos los mapas, nuestros mapas de la realidad tienen límites y limitaciones. Lo que ve uno es diferente de lo que ve otro. La precisión de uno es diferente de la precisión de otro. Y para poder avanzar, a veces, necesitamos cambiar nuestra escala del mapa.

Eso es lo que permite el coaching. No estamos hablando de psicología. No estamos hablando de terapias. No estamos hablando de buscarle seis pies, a un gato que tiene cuatro. Estamos hablando de economías de escala. Estamos hablando de entrenarnos en ser cada vez más precisos. De entrenarnos para cambiar la escala de nuestros mapas. De entrenarnos para que, al igual que somos capaces de moldear a nuestro gusto la naturaleza física, podamos ser cada vez más capaces de moldear nuestra naturaleza humana.

¿Cómo se consigue eso?. Pues se consigue a base de dialogar. De dialogar de determinada manera. Contestando preguntas. Las preguntas que te hace una persona especialista en escuchar y en preguntar, en base a lo que ha escuchado. Pregunta para abrir nuevos caminos en nuestros mapas del mundo y de la realidad.

Y mientras nosotros contestamos, mientras reflexionamos para contestar, invariablemente, aparecerán ante nosotros, nuevos valles y nuevas montañas, nuevos recodos en el camino, nuevos puentes y nuevos túneles. Nuevas formas de ver, y por tanto, nuevas formas de conseguir objetivos que, de otra manera, no hubiéramos podido conseguir.

¿Es el coaching para todos? Pues no tiene por qué. El coaching es para aquellos que quieren ser exploradores de sus propios mundos personales, e ingenieros de esos mundos. Para aquellos que, una vez conquistada la naturaleza física, quieren conquistar su propia naturaleza humana, porque saben que eso, invariablemente, les lleva a un nuevo nivel de conquista en la naturaleza física. Para aquellos que quieren resultados extraordinarios sin dejar de ser ellos mismos. Para aquellos, en definitiva, que entienden la vida como un desafío sin fin.

Es hora de empezar a cambiar nuestra mirada, de construir puentes y túneles, para nosotros mismos, y para los demás…

¿A qué esperáis?

La investigación, el desarrollo y la innovación, empieza por uno mismo

En estos momentos de crisis y de inevitables recortes en los presupuestos en todos los ámbitos, no nos queda más remedio que preguntarnos qué  es lo que nosotros podemos hacer, qué es lo que nosotros podemos aportar.

Son épocas de agudizar el ingenio, de mirar hacia dentro, de ver cómo podemos hacer que nuestras empresas estén más vivas que nunca. Es en estos momentos cuando debemos volcarnos en la investigación, el desarrollo y la innovación. Aunque no haya presupuestos, se puede hacer. ¿Cómo?.

La respuesta es clara: a través de nosotros mismos. Podemos aportarnos a nosotros mismos. Nuestro valor somos nosotros mismos y es en nosotros donde podemos enfocar la investigación, la innovación, y el desarrollo. Ahora más que nunca podemos aprovechar la situación de crisis como una oportunidad de crecer a través de la investigación, la innovación y el desarrollo en nosotros mismos. Se trata de estar muy abiertos a investigar e innovar en nosotros para desarrollarnos como seres humanos.

Y el desarrollo del ser humano transciende al desarrollo en el conocimiento técnico y trasciende al desarrollo de la empresa para la que se trabaja.

En el colegio, de 25 horas semanales, 21 estaban dedicadas a desarrollar el intelecto y los conocimientos técnicos. Sólo dos horas a la semana eran destinadas a la plástica y dos al deporte. En el bachiller, incluso se aumentan las horas dedicadas al desarrollo de la parte intelectual y sólo mantienen las dos horas de gimnasia. En la universidad nos formamos exclusivamente técnicamente, y ahora con la competencia que existe para conseguir un trabajo, el título universitario no es suficiente, y los estudiantes y futuros trabajadores necesitan incrementar sus conocimientos técnicos con másteres y doctorados. En fin, toda una vida dedicada a aprender y a desarrollar la parte intelectual.

Llegamos a encarar nuestros trabajos, en la mayor parte de los casos, con una carencia en el conocimiento de nosotros mismos, y en el desarrollo de la parte emocional. Nos cuesta conocer, entender, aceptar, ver, y escuchar a los demás porque nos cuesta conocer, entender, aceptar, ver, y escucharnos a nosotros mismos. Nos cuesta relacionarnos con los demás porque nos cuesta relacionarnos con nosotros mismos. No lo hemos estudiado, no lo hemos trabajado, no nos han educado para ello, y por lo tanto no estamos acostumbrados.

Por esto ahora más que nunca es imprescindible investigar en nosotros mismos, con la mente abierta a innovar, para desarrollar nuestro conocimiento propio y de los demás: para desarrollar nuestra CONSCIENCIA.

Todo lo que consigamos avanzar en el camino de la consciencia, todo lo que consigamos crecer, será un valor añadido que podremos poner al servicio del desarrollo de nuestro trabajo y, por lo tanto, al servicio del desarrollo de nuestras empresas.

Afortunadamente son ya muchas las empresas que se han dado cuenta de esto e invierten en la investigación, la innovación, y el desarrollo de sus empleados porque saben que va a repercutir en el desarrollo y crecimiento de la empresa. Afortunadamente, cada vez hay más empresas que saben que están integradas por seres humanos.

Nosotros en MyO Company creemos que las empresas son seres humanos completos. Entendemos la empresa como un ser vivo, donde cada departamento y cada persona de esos departamentos, cumplen una función vital para su crecimiento y desarrollo.

Y afortunadamente, también, cada vez hay más empresas que se ven, y se sienten, a sí mismas como seres humanos.

Y tú, ¿cómo te ves?.

Adolfo del Río Obregón. Director creativo de MyO Company

Tribuna de opinión publicada en Equipos y Talento: http://www.equiposytalento.com/tribunas/myo-company/la-investigacion-el-desarrollo-y-la-innovacion-empiezan-por-uno-mismo

Responsabilidad y compromiso

En un estudio de Mc Kinsey de hace unos 12 años, se constataba que sólo el 20% de las estrategias empresariales se conseguían llevar a cabo con éxito y hasta el final. Doce años después, la cifra había mejorado, pero aún así, apenas sobrepasaba el 30% en cuanto a implantaciones exitosas.

No es de extrañar. Nuestro día a día nos confirma esta realidad. De hecho, el Center for Business Practice Research en el 2006 publicó unos datos que podríamos resumir así (entendiendo un proyecto como la implantación de una estrategia determinada): el 31% de los proyectos eran cancelados antes de finalizar, el 53% costaban más o menos el doble de lo previsto originalmente y sólo el 16% se realizaba en tiempo, coste y forma original.

¿Nos sorprenden estas cifras?. Entendemos que no.

¿Cuántos de nosotros hemos experimentado en nuestras carnes y en nuestros ánimos el desasosiego que conllevan estas realidades?.

Si todos de una forma u otra hemos vivido a lo largo de nuestra carrera profesional estas circunstancias, ¿con qué ánimo podemos pedir a nuestros colaboradores un compromiso?. ¿Para que en la mayoría de los mensajes que les lanzamos como directivos, tengamos, poco tiempo después, que obviar nuestros discursos y alegar posteriormente que las circunstancias han cambiado?.

¿Con qué fe, compromiso y motivación por mi parte, incluso como directivo, transmito ilusión a pesar de saber que hay una alta probabilidad de que lo que yo diga desaparezca en el limbo?. Pero, actuando como un perfecto directivo y siguiendo las indicaciones de mi empresa, obviando estos pequeños detalles, vuelvo a pedir a mi equipo, dedicación, implicación y compromiso. Necesito que se ilusionen y que dediquen toda su energía e ilusión a crear algo que tal vez se vaya a esfumar. Eso sí, sin poner todas las cartas boca arriba. De alguna forma, como seres humanos, les falto al respeto, inconcientemente. Si les contara la realidad de lo que podría pasar ¿cómo les podría pedir lo que les voy a pedir?.

Sabemos que esto se produce habitualmente, y en las circunstancias de hoy en día, es todavía más complicado, ya que, en estos momentos, al menos, lo que está sobre la mesa, es entre otras cosas, la continuidad de ciertas organizaciones.

¿Qué hacemos entonces?. ¿Nos dejamos llevar?. ¿O vamos a asumir nuestra responsabilidad y nuestro compromiso con nosotros mismos y con nuestra empresa?. Porque esta situación de hoy, nos presenta una oportunidad única, para mirar la realidad de frente, sin temblar. Y en ese mirar de frente a la realidad, se encuentra la posibilidad de que cada organización aporte al mercado mucho más valor añadido y diferenciador frente a su competencia. No es cuestión de hacer más, es cuestión de hacer de forma diferente, es cuestión de aprender a mirar y a gestionar lo que se ve, y lo que se tiene.

Miramos, si miramos, con miedo y de refilón, no vaya a ser que lo que veo no me guste. Y sin embargo, en ese no ver, nos perdemos la posibilidad de entender que cada organización es única y diferente, porque está compuesta de personas únicas, con unos valores y una cultura únicos.

Y si fuéramos un poco más allá, veríamos que a través de ese ser únicos, si lo gestionásemos, conseguiríamos encontrar el verdadero potencial de crecimiento de nuestras organizaciones.

¿Y en qué consistiría gestionar ese “ser únicos”?. Consistiría, primero, en verlo, en entenderlo, y en trabajar para que todos, consejeros, directores generales, directivos, mandos y colaboradores, tuvieran una meta común. Para que todos trabajaran en una sola dirección, con sus energías e ilusiones enfocadas en la meta común, que es la estrategia de la organización.

¿Y cómo hacerlo?. Aprendiendo a ver a cada persona como una pieza clave de la organización. Ayudándola para que sea ella misma, para que encuentre lo mejor de sí y lo ponga al servicio de la organización. Ayudándola a entender que hay que centrarse en lo que uno sabe hacer y no en lo que los demás no saben hacer. Ayudándola a dialogar, a observar, a preguntar,  a escuchar. Ayudándola a aprender a respetar, con humildad, con respeto, con profesionalidad. Ayudándola a ser coherente.

Es cuestión de dar un paso cada día, porque, aunque todo mundo decimos que lo hacemos, la realidad es, que es tan difícil hacerlo, que solamente lo intentamos, y nos engañamos diciendo, son los demás, no yo.

Es cuestión de asumir responsabilidades. La responsabilidad de ser uno mismo. La responsabilidad de hacerse cargo de uno, y de la empresa para la que trabaja, y de no delegar fuera, aquello que es propio de ti.

¿Cuántos asumimos nuestra responsabilidad?. Y si no asumimos nuestra responsabilidad, ¿cómo nos atrevemos a pedir un compromiso?