Archivo del sitio

Una reflexión acerca del eneagrama

Artículo escrito para el portal de conocimiento Qué Aprendemos Hoy

Cada vez se oye hablar más del eneagrama. Cada vez hay más artículos y cursos sobre ello, y a mí me da un poco de miedo y de respeto, tanto auge y tanta información sobre un tema que es complicado de dominar, difícil de entender y sobre todo, peligroso si no se utiliza bien.

Yo no soy experta en eneagrama, y no escribo este artículo en calidad de ello. Creo que es sumamente difícil ser experto en este tema. Lo escribo porque creo que es importante llamar la atención sobre lo que está ocurriendo.

El eneagrama es un modelo de la personalidad, cuyos orígenes se remontan, parece ser, a los sufíes, y que luego se ha ido trabajando y modificando por diversas personas e instituciones, cada una de las cuales le ha dado su enfoque particular, queriendo, de alguna manera, atribuirse el método y la escuela de pensamiento asociado.

Su objetivo inicial era comprender mejor la naturaleza humana y el universo mismo, descomponiendo ambas dos cuestiones en nueve formas diferentes. Para mí, se asemeja en ese sentido a la cábala.  Hoy en día predomina su uso aplicado a la personalidad y carácter humanos.

Cada una de esas nueve formas está caracterizada por una serie de cuestiones concretas, fijaciones, puntos de equilibrio, formas de estar en el mundo y de defenderse de él, y todas ellas están relacionadas entre sí, y todas ellas resultan en un modo de relación particular con los demás y con la realidad.

Es muy importante entender que este modelo es solamente eso, un modelo, que debe servir para orientarse uno mismo, si quiere seguir un camino de desarrollo personal. Es una herramienta más, no un fin, y sobre todo, no el único camino.

Se basa en hipótesis que no están contrastadas con la realidad, y mal utilizado puede llegar a ser un instrumento importante de manipulación y de control.

La suposición básica es que cada uno de nosotros nacemos de una determinada manera, lo que se llama esencia, y esa manera va quedando oculta a medida que crecemos y vamos desarrollando mecanismos de defensa y de formas de relación que creemos que nos posibilitarán que los demás nos acepten y nos quieran. Esos mecanismos de defensa conforman nuestro ego, nuestro carácter.

El camino de desarrollo personal propuesto es el trabajo de ese carácter, de ese ego, a fuerza de ir contra él, para desarmarlo, y por tanto, conseguir llegar a mostrar nuestra esencia.

Dónde termina el trabajo, dónde se encuentra la esencia, es algo a lo que el método no da respuesta. Se le suponen buenas cualidades, siempre, algo que resulta curioso, ya que en la naturaleza humana existe todo el espectro desde la maldad más absoluta a la bondad más absoluta.

Entrar en la rueda del trabajo personal con el eneagrama puede llegar a ser sumamente peligroso, sobre todo para aquellas personas que no son críticas por naturaleza. Les asignan un número y una forma de trabajo personal que, pasado el tiempo, se descubre como sumamente perjudicial, y en el mientras tanto, la persona se ha dedicado a “machacarse” literalmente, cualidades sumamente valiosas en ella, y que, quizá, simplemente hay que orientar de otra manera.

Es fundamental cuestionarse, preguntar, analizar, encontrar las incoherencias en todo método de desarrollo personal, y sobre todo, en éste, donde hay ya tanto gurú y tanto experto.

Cada una de las nueve formas de estar en el mundo está sustentada en un mecanismo de defensa profundo, muy profundo, oculto para la mayoría de nosotros. Si eso es así, ¿cómo es posible que alguien externo pueda identificarlo y decirte tú eres tal número?

Hay cuestiones que es necesario tratar con respeto, con miedo incluso, y ésta para mí es una de ellas. Nadie sabe bien cómo es un dos, o un cuatro, o un ocho, porque estamos trabajando con lo más profundo de una persona, sus sueños, sus dificultades, sus miedos, sus heridas, su alma en definitiva. Eso exige, como mínimo, respeto y sensibilidad, y no caer en la trampa de que como eres un dos, debes trabajar la humildad, por ejemplo.

Todo lo que sirva para conocer, para divulgar, está bien, lo que pasa es que, en la mayoría de los casos, esa divulgación es incompleta y muchas veces, errónea. ¿Qué hacer entonces?

Filtrar, analizar, ser críticos, observar a cada persona y observarnos a nosotros mismos, como un todo, como un misterio a comprender, si queremos, en su globalidad, no desde un número concreto, ya que ahí, en esa asignación, ya hemos perdido la posibilidad de aprehender gran parte de ese misterio…¿o no?

A vueltas con la escucha…

Artículo redactado para el portal de difusión del conocimiento Qué Aprendemos hoy. El título original es “Escuchar con el cuerpo” y en él se propone una reflexión sobre los códigos culturales de escucha, y las posibilidades que tenemos de potenciar nuestra escucha, si nos atrevemos a probar el dar un paso más allá de esos códigos culturales.

La escucha, la buena escucha, es uno de los principales caballos de batalla de todas las personas. Escuchamos muy poco, tanto a nosotros mismos, como a los demás. Y sin embargo, es uno de los pilares que sustentan la construcción y mantenimiento de las buenas relaciones.

En nuestra cultura, se dice que para escuchar a alguien, debes mirarle a los ojos, debes estar atento a la otra persona, no haciendo nada más, salvo prestar atención, y que el otro vea que estás para él. Hasta tal punto llega este “deber” estar atento, que hay muchas personas que consideran poco respetuoso a alguien con quien están manteniendo una conversación, mientras está haciendo algo, aparentemente, sin estar centrado en su interlocutor.

Buda meditando

Sin embargo, si estuviéramos inmersos en otras culturas, es precisamente este “deber” de nuestra cultura, la que es ofensiva. Es decir, se considera una ofensa mirar a los ojos de alguien que está hablando. Es una muestra de respeto hacia tu interlocutor, el no hacerlo.

Creo que todos, en algún momento, y quizá muy especialmente cuando asistimos a clases o conferencias, adoptamos la pose de estar atentos, pero en realidad, estamos muy lejos de nuestro interlocutor,  e incluso muy lejos de nosotros mismos, desconectados del todo, ya que no nos interesa nada lo que nos están contando. Y sin embargo, por código cultural de respeto, aparentamos estar interesados.

¿Alguno de vosotros ha probado a romper ese código cultural? ¿Alguno de vosotros ha escuchado, de verdad, a alguien, mientras estaba haciendo otra cosa? La realidad es que la gran mayoría de nosotros, escuchamos mejor si no estamos, aparentemente”, prestando atención a nuestro interlocutor.

Todos nosotros escuchamos con el cuerpo, ya que el sonido se transmite,  la piel recibe,  los músculos, y los huesos también. En realidad, nuestro instrumento para escuchar no son solo los oídos, ni nuestra atención, sino todo nuestro cuerpo.

Intentadlo. Pedidle a alguien que os hable, mientras vosotros estáis sin mirar; concentraos en la sensación que se recibe al poner todo vuestro cuerpo a disposición de la escucha. Probad estando quietos, y probad estando en movimiento. ¿Podéis ver la diferencia? Es más, ¿cuántos de nosotros estamos simplemente mirando en un concierto? Estamos en movimiento, nos movemos, saltamos, bailamos, y estamos 100% presentes en la escucha, hasta tal punto que tardamos días en olvidarnos de las sensaciones, las letras, las emociones…y si no se permite el movimiento, ¿cuántos de nosotros cerramos los ojos, yendo en contra del código cultural?

Con esto no quiero decir que rompamos los códigos culturales. Con esto quiero animaros a experimentar, a probar vuestro cuerpo, entero, como instrumento de escucha. Un instrumento de escucha, externa, e interna, sobre todo interna.

En un artículo anterior, hablaba de la escucha interna y de la escucha externa. La escucha interna es vital para poder escuchar de verdad, al que nos habla, ya que todo lo que nos dicen, provoca reacciones en nosotros. Escuchar internamente significa ser consciente, plenamente consciente, de esas reacciones.

Sólo siendo plenamente consciente de esas reacciones, podemos dialogar con nuestro interlocutor. Y para poder ser plenamente conscientes de esas reacciones, tenemos que escuchar nuestro cuerpo. Porque nuestro cuerpo reacciona. Reacciona nuestra piel. Reaccionan nuestros músculos (nos relajamos, nos ponemos tensos). Reaccionan nuestros huesos (nos ponemos en guardia, cambiamos la postura).

Poder escuchar bien, significa estar atentos a los cambios en nuestra piel, en nuestros músculos, en nuestros huesos. Estar atentos a nuestros pensamientos, y a los sentimientos que se despiertan. Ser capaz de observarlos y de gestionarlos, para poder responder a nuestro interlocutor, de forma asertiva, y precisa.

Lo sé. Parece muy complicado. Pero eso es, precisamente, lo que lo hace tan apasionante. Pasito a pasito, dándose cuenta, poco a poco.

¿Os animáis a probar?

El teatro como herramienta de desarrollo personal y profesional

Artículo redactado para el portal Qué aprendemos hoy

El mes pasado, en el artículo “¿Qué métodos existen a la hora de emprender un camino de desarrollo personal?” presentaba una serie de herramientas y métodos que pueden ser interesantes a la hora de emprender un camino de desarrollo personal, y mencionaba que en sucesivas publicaciones, iría hablando de cada uno de ellos.

En esta ocasión, voy a hablar del teatro.

Cualquier persona interesada en conocerse mejor, y en desarrollarse personal y profesionalmente, debería, en mi opinión, en algún momento de su vida, acudir a clases de teatro. No es necesario buscar la excusa de que “bueno, pero es que yo no quiero ser actor/actriz”, ya que existen diversas escuelas dirigidas a personas que no quieren ser profesionales de la actuación, y también hay diversas empresas que utilizan el teatro como herramienta para el desarrollo de habilidades directivas.

El fundamento es bien sencillo. Todos, quien más y quien menos, actuamos. Todos poseemos diversos personajes propios, que utilizamos, unos con mayor conocimiento que otros, para poder desenvolvernos en nuestra vida diaria.

Aprendemos desde muy pequeños qué es lo que nos conviene mostrar y qué es lo que nos conviene ocultar, y desarrollamos diversas estrategias que construyen muros, fortalezas y barreras para sostener ese mostrar y no mostrar.

Por tanto, dentro de nosotros, quedan ocultos y muchas veces bloqueados, innumerables recursos que podrían ayudarnos a desenvolvernos mejor, tanto en la vida personal como en la profesional. Asimismo, se “súper-desarrollan” por así decirlo, otras capacidades y habilidades que, a veces, por mal utilizadas, nos ponen en determinados compromisos.

36207_10150189524805162_6428745_nEl teatro permite bucear dentro de nosotros, luchar con nuestros bloqueos, y moderar el uso de las capacidades que mostramos; alguna vez las compensamos con las que creemos que no tenemos. De una forma lúdica y divertida, se desarrolla la espontaneidad, recuperando el juego e improvisando. Se trabaja la voz, la postura corporal, la respiración. Se trabajan las emociones. Se analizan los personajes, identificando los objetivos, mostrando los conflictos.

Ya sólo poniéndose en la situación del juego, se desarrolla la creatividad, la imaginación, se incrementan los recursos, la forma en la que reaccionamos ante determinadas circunstancias…

Si queremos ser más serios o más comprometidos con nuestro desarrollo, entonces pediremos hacer personajes que sean contrarios a lo que nosotros mostramos en el día a día; y entonces, lidiaremos con aquellas cuestiones y emociones que no nos permitimos. Por ejemplo, si pensamos en la rabia, y elegimos un personaje furibundo, lucharemos con nosotros mismos, y finalmente la liberaremos, le daremos lugar dentro de nosotros; y dejaremos de señalarla y reprimirla.

Y si ya nos ponemos demasiado serios, entonces pediremos improvisaciones que nos reten, que nos pongan en situaciones comprometidas para nosotros mismos, y nos permitiremos  investigar nuestros recursos para salir airosos de esas situaciones, sabiendo en definitiva, que todo es juego y que, paradójicamente, no nos jugamos nada

Ya sea a través del juego, de las improvisaciones, de los personajes o de todo ello en conjunto, los juicios, los prejuicios, las limitaciones y las sobredemandas sobre nosotros mismos; y también sobre los demás, quedan expuestos y a la luz, pudiendo desde ahí, construir, crecer y evolucionar, y sobre todo, darle un lugar mejor a todas las partes de nosotros mismos.

¿Qué métodos existen para emprender un camino de desarrollo personal?

Artículo publicado en el portal Qué Aprendemos Hoy

En un artículo anterior, hablábamos de qué es el camino del desarrollo personal y de la importancia de definir nuestros propios objetivos al respecto.

En éste, vamos a tratar de dibujar un mapa de herramientas que pueden ayudarnos a recorrer ese camino, y conseguir esos objetivos, una vez que hemos decidido que puede ser bueno para nosotros tomarlo y recorrerlo.

Para trabajar en el desarrollo de uno mismo, es posible, y desde mi punto de vista, necesario, trabajar en cinco niveles: cuerpo, mente, emoción, acción e inconsciente. Todos están relacionados entre sí, y, aunque es posible que trabajando uno, se beneficien los demás, no es una condición suficiente, pero sí necesaria.

Desde mi experiencia, los dos elementos más potentes para trabajar, son el cuerpo y el inconsciente. El cuerpo contiene la memoria emocional, física y mental de toda nuestra vida. El inconsciente lo contiene todo, incluida la memoria colectiva.

¿Cómo trabajamos cada nivel?

Existen numerosas herramientas y métodos, por lo que deberíamos ir viendo cuáles son los más adecuados para nosotros, ya que no existe un método mejor que otro, existe el proceso o procesos que mejor nos sirva, en función de nuestros objetivos y de nuestro grado de compromiso en la tarea.

Herramientas para el desarrollo personalexiste una técnica fundamental que es importante e imprescindible a la hora de practicar cualquier método, o utilizar cualquier herramienta, es el trabajo de convertirnos en observadores, en testigos de nosotros mismos.

Tratando de observar nuestros pensamientos, nuestras reacciones, nuestras emociones, sin juicio, sea lo que sea lo que esté pasando. Y conseguido eso, entregarse a cualquiera de los métodos y herramientas que hayamos elegido.

De entre todas las herramientas y métodos disponibles, yo destacaría, como interesantes y convenientes, las siguientes: el coaching, el movimiento, el teatro, el arte, la música, las terapias corporales, el trabajo con los sueños y el trabajo con constelaciones.

Para una persona que empieza ahora en este camino de desarrollo personal, lo más recomendable es empezar a través del coaching, que permite la creación de un espacio de reflexión, y si el coach es bueno… la generación de esa posición de observador o de testigo.

También en función de cómo sea el coach, es posible que vaya introduciendo ejercicios de teatro y de movimiento, quizás también con algún tipo de ejercicios, utilizando el arte y la música.

Sólo después de llevar un tiempo razonable como testigos de nosotros mismos, daríamos el paso al trabajo con las terapias corporales y sobre todo, con el inconsciente; a través del trabajo con sueños y constelaciones, entre otras herramientas. La razón es muy sencilla, es que es profundo; con una gran carga emocional, y muchas veces, difícil de sostener y de asimilar.

De todas formas, insisto, cada uno debe encontrar su propio itinerario…

En siguientes artículos iremos explicando cada uno de los métodos, así como sus posibles beneficios y sus ventajas.