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Emprender con la cabeza en las nubes y los pies en la tierra

Artículo publicado en el blog de Avalon La Red de Expertos:

Para emprender es necesario valor. Lo dirán todos aquellos que en algún momento han pensado en ello. Y también todos aquellos que lo han hecho.

Valor en todos los sentidos: coraje personal para asumir los riesgos, los conocidos y los desconocidos; valor para el mercado; y sobre todo, valor para entender que tienes que conseguir un difícil equilibrio en la gestión. Debes tener la cabeza en las nubes y los pies en la tierra.

Ya, diréis. ¿Qué significa esto?

Significa, ni más ni menos, que emprender con éxito implica una difícil mezcla entre imaginación, creatividad, pasión y sueños, por un lado, y una base firme de gestión pura y dura, fría y analítica, precisa, en todos los ámbitos.

No se puede dejar de soñar, no se puede dejar de imaginar, no se puede dejar de lado la pasión, y no se puede olvidar que todos esos sueños, toda esa imaginación, toda esa pasión, están al servicio de algo que es más grande que uno mismo.

Están al servicio de una personalidad jurídica, que requiere una detallada observancia de la normativa y de la legislación, un minucioso análisis de la estrategia, y de las cuentas de resultados, y un milimétrico plan de acción.

Están al servicio de una micro-sociedad, de la que somos los últimos responsables. Una micro-sociedad formada por personas, todas ellas diferentes, únicas y valiosas, a las que debemos respetar, a las que debemos cuidar, a las que debemos escuchar, y a las que debemos gestionar.

Y esa gestión de las personas requiere, de nuevo, de ese valor. Una gestión en la que se mezclan, en difícil equilibrio, la pasión y el análisis. La emoción y el raciocinio.

Conseguir ese equilibrio es difícil. Para mí, es lo más difícil de emprender.

Si esta gestión es algo que tiene que hacer un directivo, y ya es difícil, para un emprendedor lo es mucho más. Ahí está el verdadero valor, el verdadero caballo de batalla.

Porque muchas veces los emprendedores somos personas que estamos en lo primero, en la pasión y en el sueño, y se nos olvida la gestión analítica, y se nos olvida preguntar y escuchar, quizá porque el sueño es de uno, la idea es nuestra y sólo nuestra, y claro, lo tenemos clarísimo.

Y se nos olvida que para construir el sueño son necesarios cimientos, son necesarios materiales, son necesarias personas, que manejan una cartografía distinta a la nuestra, y son necesarios procedimientos.

De nada nos valdrá ser los mejores soñadores, si no somos impecables en la gestión. De nada nos valdrá ser impecables en la gestión si no tenemos sueños. Y de nada nos valdrá tener sueños y ser impecables en la gestión, si nuestro sueño no se convierte en la mejor sociedad posible, respetuosa y cálida con las personas que la forman.

Eso es lo que de verdad, para mí, significa emprender. Si alguno de esos pilares falla, al final habrá fallado todo. Aunque la empresa tenga éxito, porque será una piedra más en el camino hacia una sociedad más equitativa, más transparente y más humana.

Claro, diréis, depende de cómo se defina el éxito. Yo lo tengo claro: emprender teniendo la cabeza en las nubes y los pies bien firmes en el suelo…

Escuchar…¿siempre?. ¿De qué manera?

Adjuntamos aquí un artículo de reflexión acerca de lo que creemos que es una de las cuestiones fundamentales de un buen liderazgo, la escucha. Artículo publicado en el blog “Un pequeño laboratorio de empresa. Teoría y práctica de las empresas humanas“.

Mucho se habla acerca del liderazgo y de la necesidad de que, todo líder que se precie de serlo, tiene sobre el hecho de escuchar. Leemos frases, recomendaciones, artículos, libros enteros.

Un líder escucha, ante todo y sobre todo, a sus colaboradores. Les anima a dar su punto de vista y les anima a colaborar en el diseño de la estrategia. Es una forma de construir y de hacer realidad la visión de la empresa. Es una forma de comprometerlos y de motivarlos. Es una forma de generar empresa.

Casi desde que tengo “uso de management“, he tratado de aplicar esa recomendación. He tratado y me he entrenado en escuchar, y seguiré haciéndolo durante toda mi vida, personal y profesional. Es uno de los valores fundamentales que creo que debe tener una empresa que se precie humana y que cuida a sus personas.

Y sin embargo, voy a reflexionar hoy aquí sobre si el escuchar y dar voz a todas las personas de la organización, es bueno y saludable para ella. Porque, como todo, siempre hay excepciones. Nada hay cien por cien blanco y nada hay cien por cien negro. La realidad es una mezcla de grises, y para mí, el buen líder es aquél que discrimina, aquél que identifica cuándo debe escuchar, a qué personas y de qué manera.

Porque dependiendo de la persona a la que des voz, de cómo está estructurada, en cuanto a personalidad y carácter, esa intención de construcción conjunta y esa búsqueda de compromiso y de equipo se perderá. Hay personalidades que rápidamente se ponen por encima, al sentirse escuchados, para reclamar, para hacerse notar, para generar una situación de deuda, ya que, sin su contribución, el éxito no hubiera sido posible. E incluso, para enunciar, sin ningún tipo de pudor y de vergüenza, que el hecho de darle voz, el hecho de escucharle y de aceptar sus propuestas y sus ideas, llega a ser una dejación de la responsabilidad del líder.

Esas afirmaciones, que destruyen confianza, y que destruyen equipo, ¿de quién son responsabilidad?. ¿Son responsabilidad de las personas que las enuncian, o son responsabilidad del líder que dió voz sin, en realidad, haber escuchado bien?.

Desde mi punto de vista, en la medida en la que ese comportamiento destruye confianza, destruye equipo y destruye empresa, en esa misma medida es responsabilidad del líder, que está abocado a reflexionar en qué punto del proceso se equivocó. Y muchas veces, al hacer esa reflexión, descubriremos que, la mayor parte de las veces, se equivocó en la selección de las personas, y se equivocó en lo que significa, de verdad, escuchar.

Porque para mí, escuchar, va mucho más allá de dar voz y de preguntar, de invitar a colaborar y a compartir. Todo eso es crucial, sí, pero es mucho más crucial escuchar para saber identificar a quién tenemos al lado. Con qué tipo de personas contamos, con qué estructura de personalidad. Escuchar para ver, ver de verdad, y poder adaptar ese dar voz, de la forma adecuada, y con los límites adecuados. Y esa adecuación no sale sino de entender y de comprender los mecanismos de funcionamiento, de defensa y de supervivencia, de las personas que tienen al lado.

Escuchar, en este sentido, se convierte en una profunda labor de investigación, que sólo puede salir bien si cada líder ha hecho ese ejercicio de escucha, profunda, en sí mismo, y está comprometido en hacerla con los demás. Y para eso, se necesita, como principal herramienta, una profunda dosis de compasión, por sí mismo y por los demás. Ésa es la esencia de la escucha, ya que ésa es la esencia de la naturaleza humana. La capacidad de ser compasivos.

Escuchemos entonces, con profundidad. Y entrenémonos en escuchar con compasión. A nosotros y a los demás. Identifiquemos nuestra personalidad, e identifiquemos la personalidad de aquellos con los que trabajamos. Y demos voz, con compasión,…y con límites…

Oliva González. Socia-directora de MyO Company.