Archivo del sitio

Reflexionando sobre la buena gestión

Aprovechando la pregunta que solemos hacer en nuestro cursos, hemos creído interesante poder reflexionar nosotros también sobre ella. En este artículo queremos reflexionar un poco sobre ello, y apuntar motivos y razones para determinar cuándo una gestión se considera una buena gestión.

Para empezar, creemos que hay muchos puntos de vista sobre los que apoyarse para poder decir si una gestión es buena o no. Dependiendo del punto de vista elegido, es posible, además, que lo que desde un punto de vista parece una buena gestión, desde otro punto de vista no lo sea.

También, para empezar, debiéramos reflexionar sobre qué queremos decir exactamente con buena gestión, ya que podríamos haber elegido otros calificativos, excelente, precisa, eficiente, eficaz, etc.

A nosotros nos gusta hablar de una buena gestión, porque la gestión, al depender del punto de vista, es subjetiva. Hay múltiples consecuencias derivadas del hecho de gestionar, y normalmente es imposible detectarlas todas. Adicionalmente, la manera en la que se lleva a cabo una gestión, depende del carácter y personalidad del gestor. Tanto por una cosa como por la otra, no se puede hablar objetivamente.

Para poder introducir objetividad, es por tanto necesario fijar una serie de criterios, medibles, y unos valores deseables para ellos, de tal manera, que, mediante la comparación de lo deseado con lo medido, dé una idea de la bondad o no de lo que se mide.

Y aunque decimos aquí, que, mediante estos criterios, introducimos objetividad, no deja de ser una verdad a medias, porque, ¿cómo fijar el límite entre lo que se dice que es bueno y lo que no?

Estos criterios, habrán de determinarse de tal manera que sean fáciles de calcular, y de tal manera que obedezcan a los objetivos que se quieren conseguir. Y aquí entra de lleno lo fundamental, en toda gestión, que es la necesidad de tener objetivos, claros, meridianamente claros.

Y esos objetivos, claros, dependerán, necesariamente, del punto de vista que se elija. Porque dejarán fuera todos aquellos aspectos y consecuencias que no son visibles desde ese punto de vista. Y puede suceder, y sucede, que se cumplan los objetivos, y las consecuencias no visibles sean nefastas. Y estaríamos hablando entonces, de buena gestión…

Ergo, según esto, no sería posible nunca, calificar una gestión como buena, porque siempre habrá una parte oculta que no conocemos. Adicionalmente, esa parte oculta estará también en aquella parte que sí se ve desde el punto de vista elegido, pero que no se mide, puesto que no se han elegido indicadores para ello, quizá, porque no se definen objetivos en relación a ello.

Por último, por mucho que se quiera medir todo lo posible, por muchos indicadores que se elijan, nunca se podrá medir del todo.

Entonces, en toda gestión, existe siempre una parte oculta, procedente de tres fuentes: del punto de vista elegido, de los objetivos fijados, y de los indicadores elegidos.

La buena gestiónEsto implica que, alguien que quiera parecer buen gestor, puede centrarse en elegir un punto de vista favorable, unos objetivos favorables, y unos indicadores también favorables, para que ese parecer, parezca que es una realidad. Es decir, la buena gestión, está sujeta a manipulación.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo avanzar en este sentido? ¿Cómo poner algo de objetividad, y algo de humanidad en esto?

Nosotros creemos que una de las posibles maneras es a través del cultivo de la responsabilidad, el entrenamiento en la ampliación del punto de vista propio, en la reflexión sobre las verdaderas necesidades, y en la formación de las cuestiones técnicas que permiten elaborar unos objetivos y unos indicadores que permitan incorporar la mayor parte de realidad y de necesidades posibles.

Quizá, así, en algún momento, podamos llegar a decir que estamos en camino de conseguir…una buena gestión…o no, ¿qué pensáis?

Diferencias entre coaching y mentoring

Ayer nos hicieron esta pregunta, y reflexionando, hemos pensado que sería una buena idea escribir una pequeña nota sobre este tema.

Hay muchas diferencias entre coaching y mentoring, pero para nosotros, las fundamentales, serían las que afectan a lo siguiente:

1.- Puntos de vista

2.- Duración, periodicidad, y objetivos

3.- Perfiles y experiencia

4.- Tipo de relación

5.- Herramientas

1.- Puntos de vista

Para nosotros, quizá, esta es una de las diferencias más importantes que hay.

Todos nosotros tenemos un punto de vista, que determina nuestra forma de mirar, nuestra forma de relacionarnos con la realidad y con los demás. Nos enfocamos en unas cosas, y simplemente, no vemos, aunque estén, otras.

En un proceso de coaching, el coachee se entrena para identificar desde dónde mira, y ampliar y/o cambiar esa mirada. Se dice que un proceso de coaching no está completo, no se produce, si no se logra cambiar el observador, la forma de mirar. Para conseguir eso, es fundamental que el coach no comparta su punto de vista. Es a todas luces, irrelevante. El coach debe tratar de ser un espejo para su coachee, obviando y dejando de lado su punto de vista, sus juicios, lo que cree que le pasa al coachee y lo que cree que le vendría bien.

En un proceso de mentoring, sin embargo, es fundamental que el mentor comparta su punto de vista. La esencia del proceso radica ahí. En que el mentor comparta su experiencia, su punto de vista adquirido a través de esa experiencia. No sólo no debe dejar de lado sus juicios, sus creencias, etc. sino que es importante que los comparta, ya que ahí reside la riqueza del proceso. No se trata de descubrir cómo mira el mentorizado, sino de construir un espacio de reflexión a través de la compartición de puntos de vista y de experiencia.

2.- Duración y objetivos

Un proceso de mentoring normalmente suele durar más que un proceso de coaching. El proceso de mentoring se inicia a voluntad o iniciativa del mentorizado, y la periodicidad de las reuniones también.

Un proceso de coaching es un proceso bien delimitado en el tiempo, con una periodicidad concreta, fijada por ambas partes, y en la que el coach tiene un papel relevante.

Los objetivos, desde nuestro punto de vista, son radicalmente diferentes.

b8a9ad97b6a9f43b8d6e2cede5653a2bEl coaching es un proceso que tiene como objetivo fundamental mover a la acción, conseguir un objetivo profesional muy concreto, para lo cual, se establece un plan de acción también muy concreto.

En este mover a la acción, se pasa por distintas fases, en las que el coach “entrena” a su coachee. Un coach no puede ni debe dar consejos. No puede ni debe compartir su punto de vista. El objetivo es que el coachee descubra desde dónde mira, y cómo puede, desde ahí, ampliar su mirada.

El mentoring es un proceso que tiene como objetivo fundamental el generar un espacio de intercambio y de diálogo, que mueve fundamentalmente a la reflexión, y puede mover a la acción como consecuencia, pero no como objetivo. En este proceso, a diferencia del coaching, son fundamentales los consejos. No se tiene por qué descubrir desde dónde se mira.

3.- Perfiles y experiencia

Hay una diferencia sustancial entre un coach y un mentor. Un coach es alguien que se ha formado específicamente para ser coach, ya que el proceso de coaching es un proceso estructurado, con metodología concreta y con herramientas concretas. No tiene por qué tener una experiencia significativa en el campo de actuación de su coachee, aunque nosotros entendemos que es deseable para un coach que hace coaching ejecutivo, que haya tenido experiencia directiva.

Un mentor es alguien que tiene una experiencia significativa y dilatada en un campo ó campos concretos, que no se ha formado específicamente para ser mentor, y que comparte altruistamente su experiencia y su punto de vista en un diálogo que no tiene por qué ser estructurado ni con una metodología concreta. No tiene por qué conocer herramientas ni metodologías específicas, más allá de lo que compete a su campo de experiencia.

4.- Tipo de relación

La relación entre coach y coachee es una relación formal, contractual, con contraprestación económica.

La relación entre un mentor y su mentorizado es una relación no formal, o si se prefiere, menos estructurada, no contractual, y en muchas ocasiones, sin contraprestación económica.

5.- Herramientas

Como decíamos anteriormente, un coach ha tenido que formarse en una serie de competencias, herramientas, metodologías y habilidades, mientras que un mentor no. Son básicas la escucha, el hacer espejo, fundamentar juicios, identificar creencias, manejar distinciones, diseñar y construir visión, formulación de preguntas abiertas, el manejo del silencio, determinados ejercicios experienciales, de voz, cuerpo y movimiento, etc.

Si se tiene la suerte de poder contar con un mentor que además se ha formado como coach, fantástico, pero no es necesario. La herramienta fundamental del mentor es su propia experiencia, y su voluntad, deseo y compromiso de compartirla para el buen aprovechamiento por parte de su mentorizado.

Hay mucha literatura sobre coaching, y no tanta sobre mentoring, por lo que si alguien está interesado en profundizar en el proceso de mentoring, os sugerimos el siguiente enlace: http://www.versa.uk.com/apprenticeship/mentor_handbook.pdf

Un camino para tomar…o un camino para construir…

Artículo publicado en Training and Development Digest

La vida es un continuo discurrir por caminos. Caminos diversos, que a veces son fáciles, yotras veces muy complicados. Hay personas que toman un camino muy pronto y lo siguen siempre, y otros que van cambiando de camino cada dos por tres, buscando algo que, a veces, ni siquiera se sabe bien qué es. Hay veces que los caminos los eliges tú, y hay veces que los caminos te eligen a ti. No sabes bien cómo pasa, pero pasa. Te dejas llevar por las circunstancias, te dejas llevar por la inercia, y de repente, te encuentras en un sitio al que nunca pensabas que llegarías. A veces para bien, y a veces para mal.

Ese despertar, ese darse cuenta de que estás en un sitio al que nunca pensabas llegar, suele suceder en momentos de crisis, en momentos de ruptura de alguna de las circunstancias que se han hecho conocidas para nosotros.

Se rompen las “reglas del juego” y zas, de repente, tomamos conciencia de la situación.

A veces ni siquiera nos hemos dado cuenta del camino que hemos recorrido y que nos ha llevado hasta allí. Otras veces hemos sido conscientes, pero nos hemos dejado llevar. Y otras veces, hemos elegido conscientemente ese camino, sin saber muy bien adónde nos conducía.

El caso es que, producida la ruptura, producido el hecho de “darse cuenta” del dónde estamos, y de las circunstancias, aparece la incertidumbre, y con ella, el miedo.

El miedo a perder lo adquirido. El miedo a perder más de lo que ya he perdido. El miedo al vacío. El miedo a ser consciente de que es necesario actuar para modificar la situación.

Y con el miedo, afloran también todas nuestras inseguridades, aquellas que han estado camufladas a lo largo de todo ese tiempo, bajo una capa de falsa seguridad.

Y entonces, o nos paralizamos, o nos vamos en una huída hacia delante, dependiendo de nuestra personalidad.

Y ambos casos, perdemos opciones, al no tener libertad.

Libertad de elección.

73845_301082233334880_2120982878_nElección en cuanto a de qué forma reaccionar. Porque entre la parálisis y la huida hacia delante, existen muchos puntos intermedios. Tantos que es imposible nombrarlos, ya que dependen de la personalidad de cada uno de nosotros.

Estamos acostumbrados a mirar la realidad de una determinada manera. Desde nuestro punto de vista. Y ese punto de vista determina, sin que nos demos cuenta, nuestras elecciones y nuestras reacciones.

Y no nos damos cuenta de que podemos mirar de otra manera. Que podemos entrenarnos en elegir y en reaccionar de forma diferente, con más libertad.

Quizá, terminaremos eligiendo lo mismo, en alguna ocasión, pero será una elección meditada y sopesada, y no una reacción por impulso.

Los momentos de crisis, los momentos de rupturas, los momentos del “darse cuenta” son maravillosos. Por una sola razón: nos dan la oportunidad de elegir, de decidir.

Nos dan la oportunidad de ver que tenemos infinitos caminos. Algunos son para tomar, y otros son para construir.

Tenemos y debemos tomarnos tiempo. Tiempo para mirar de otra manera. Dentro de nosotros, y fuera de nosotros.

Creo que los mejores caminos son aquellos que nacen del interior. Aquellos que parten de lo que te mueve de forma más profunda, de aquello con lo que de verdad te entusiasmas y te comprometes.

Esos mejores caminos se construyen, a veces sobre algunos ya trazados, y otros se hacen pasito a pasito, y su origen casi siempre empieza en una crisis, en una ruptura, en un “darse cuenta”.

Entrenémonos entonces en escucharnos, dentro, quizá a veces, muy dentro de nosotros, para saber qué nos mueve, para saber qué nos entusiasma, para saber con qué nos comprometemos, más allá de los caminos que hemos ido tomando, más allá de nuestro punto de vista y de nuestras costumbres.

Entrenémonos en romper nuestra cotidianidad, nuestros hábitos. Observemos nuestras reacciones, físicas, emocionales, mentales. Identifiquemos las razones de nuestra aparente seguridad, y las de nuestra inseguridad.

Y cuando estemos ante el vacío del “darse cuenta”, cuando estemos en el momento de crisis, concedámonos un momento para imaginar. Un momento para dibujar en el vacío. Un momento para escuchar ese vacío.

Para construir, entre él y yo, todas las posibles opciones de caminos a tomar, o a construir. Teniendo claro, además, que nunca serán todas las posibles opciones, porque siempre serán dibujadas, construidas, a partir de un punto de vista.

Todos esos caminos conformarán nuestra cartografía del futuro, de nuestras opciones, más o menos fáciles, más o menos difíciles. Unas opciones con las que podemos afrontar nuestro miedo, nuestra inseguridad.

Y si nos escuchamos a nosotros mismos, escuchamos nuestro miedo, escuchamos nuestra inseguridad, también podremos escuchar nuestras pasiones, nuestros talentos, nuestros compromisos.

Y con todos ellos, podremos elegir desde el corazón, desde la emoción, desde la pasión, nuestro nuevo camino.

Puede que el camino aparezca claramente dibujado, certero, recto, meridianamente claro. Son los caminos para tomar, los caminos ya hechos, por otras personas, por las circunstancias, por nosotros mismos.

O puede que el camino sólo tenga una primera etapa, o ni siquiera eso. Son los caminos a construir, para los que se necesita valor y osadía. Quizá porque nunca los contemplé, o quizá porque nadie los ha seguido antes. Caminos de incertidumbre que pueden llevar a sitios maravillosos, o quizá sólo, nada más y nada menos, proporcionan una experiencia maravillosa de aprendizaje y crecimiento mientras se hacen, mientras se construyen.

Caminos para tomar, o caminos para construir.

Dependen de nosotros, dependen de nuestro interior, de nuestro punto de vista. De nuestra forma de mirar, hacia fuera, y hacia dentro. Nada más, y nada menos

Atrevernos a mirar de otra manera

Tribuna publicada en el mes de octubre de 2012 en Equipos y Talento:

Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo estado de conciencia desde el que fue creado. Albert Einstein.

Dicen que existen tres clases de personas: los pesimistas, los optimistas y los realistas, aunque hay algunos que lo dejan en dos: pesimistas y optimistas. Yo creo que esto no es así. Creo que todos llevamos dentro todo, nuestro pesimismo y nuestro optimismo,  que nos manejamos según podemos y según nos han enseñado y hemos aprendido.

Y en esencia, todo ello depende de nuestra forma de mirar. De nuestra forma de entender la realidad, y de entendernos a nosotros mismos.

Hemos establecido dentro de nosotros, y de nuestras organizaciones, mecanismos que saltan automáticamente, en función de lo que pasa fuera. Y son tan automáticos, que ni siquiera nos damos cuenta de que están saltando.

Y así, entonces, actuamos de tal manera que se nos puede englobar en pesimistas, o en optimistas, perdiendo un enorme campo de actuación para la gestión.

Cada día las noticias nos hacen ver qué mal están las cosas, y cómo parece que van a peor. El escenario es terrible, casi dramático, y nadie se atreve a aventurar qué va a pasar, nadie quiere atreverse a nombrar, y a decir cómo estaremos dentro de seis meses.

Van pasando los días, y cada día que pasa, parece que es mejor meter un poco más la cabeza, aguantar, sacar la patita por si acaso, y resguardarse bien, no vaya a ser que nos pase algo.

Esta es la forma de mirar que nos han enseñado, la que hemos aprendido o con la que nos hemos sentido más cómodos cada uno de nosotros.

Pero podemos mirar de muchas más maneras, y eso no implica que seamos optimistas, o pesimistas. Eso simplemente implica que podemos, primero, darnos cuenta del punto de vista que estamos adoptando. Segundo, darnos cuenta de que existen muchas más formas y puntos de vista desde los cuales mirar. Tercero, darnos cuenta de que, al calor de nuestro refugio, podemos entrenarnos en mirar de otra manera. Es simple y llanamente un ejercicio de entrenamiento.

Puedo descubrir que me puedo ir al otro lado más extremo, y decir que esta situación es fantástica, que es una oportunidad maravillosa para poder cambiar la manera de funcionar, para poder evolucionar hacia otro sistema económico y político.

Pero también puedo intentar ejercitarme en descubrir cuántos puntos de vista puedo tener, intermedios entre esos dos extremos.

Porque, seamos realistas, para situarme en cualquiera de esos dos puntos de vista extremos, no necesito mucho, y sin embargo, mi capacidad de actuación es nula, o casi nula. Porque todo lo que yo decida o no decida, en base a ese punto de vista, no sirve para que algo cambie. Con mi actuación, yo no voy a cambiar el sistema económico y político, quizá sirva de ejemplo, pero yo sólo, o sólo mi organización, no puedo hacer realidad ese cambio.

Es fácil situarse en esos dos puntos de vista. Uno porque es el que traemos por defecto, y el otro, porque hay miles de mensajes y miles de personas que nos lo dicen también. Lo difícil, y lo bonito, es intentar ver qué otros puntos de vista hay, intermedios entre esos dos, y que me descubren un campo factible de actuación y de cambio para mí y para mi realidad.

Porque haberlos, los hay.

Esa es la verdadera oportunidad de la crisis. Nos da un espacio para el descubrimiento, para la reflexión, una oportunidad para mirar, para entrenarnos en mirar.

Algunos me dirán que, sí, que muy bien, que eso queda muy bonito en el papel, pero que cómo se hace eso. Y yo diré que es fácil, que consiste en preguntarse, en ir a las bases, a los cimientos, a la misión, visión y valores. Los nuestros como personas, y los nuestros como organizaciones.

Muchos hemos desarrollado trabajos por inercia, nos hemos dejado llevar, arrastrados por las circunstancias y las oportunidades que en un determinado momento se nos presentaron, y no pudimos dedicar un tiempo a preguntarnos cuáles eran nuestros talentos, con qué cosas nos divertíamos, qué es aquello que es innegociable, y qué puedo negociar, cuál es mi código de conducta y cuáles son mis valores.

Para hacernos estas preguntas, y responderlas, tenemos tiempo. Y una vez respondidas, podemos compararlas con lo que tenemos ahora mismo, y cuál es su grado de coincidencia. ¿Estoy muy cerca o estoy muy alejado?. ¿Por qué si lo que a mí me divierte es trabajar con personas, estoy sentado delante del cuadro de mandos de un avión?. ¿Qué dice eso de mí?. ¿Hacia dónde puedo ir, si el grado de coincidencia es escaso?.

Ahora tenemos tiempo. Ahora tenemos oportunidad de dibujar nuevos caminos. Sólo depende de nosotros. ¿Para qué decimos que nuestra misión como organización es respaldar a nuestros clientes cuando podemos decir que “movemos” voluntades y deseos?. En el fondo, el mensaje es el mismo, pero la manera de decirlo es radicalmente diferente. Y esa manera de decirla es la que nos abre o nos cierra puertas, la que dibuja nuestros caminos.

Todos podemos hacerlo, es cuestión de reflexionar un poco, de trabajar desde aquello que nos llena y nos divierte, es eso lo que tenemos que encontrar, y desde ahí, dibujar tantos puntos de vista como nos sea posible, para poder después decidir uno, aquél que nos permita actuar sobre la realidad y empezar a cambiarla.

Si todos lo hiciéramos, y ahora todos tenemos tiempo para hacerlo, estaremos dando un paso enorme para que ese punto extremo de cambio del sistema económico y político, sea de verdad, una realidad. Ésta es la verdadera oportunidad de esta enorme crisis. Tenemos tiempo. Aprovechémoslo.