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Sociedad, reflexión, y responsabilidad individual

A y B son socios. A no se encuentra a gusto. Cree que hay demasiada diferencia en la forma de ver las cosas, y le dice a B que lo mejor es separarse. B le dice a A que se den un tiempo, a ver si se pueden acercar posturas. A acepta. Pasado ese tiempo, A vuelve a plantear la separación. B acepta, e inician un proceso de negociación para separarse, de tal manera, según dice B, que tanto A como él, salgan ganando, y no perdiendo nada de lo que han construido juntos. Las posturas en la negociación son muy diferentes. El proceso se alarga. Un día, A recibe una notificación que le redirige al boletín del registro mercantil de su ciudad. En ese boletín, puede ver que B ha constituido una sociedad en cuya razón social figura la marca de su empresa conjunta. Investiga. Descubre que B ha solicitado el registro de la marca conjunta a título personal. Consulta con especialistas. Sigue descubriendo acciones de B. Una vez que tiene las cosas claras, encarga a un abogado que hable con B para que transfiera todas las peticiones y registros que ha hecho a nombre personal, a la sociedad conjunta a la que pertenecen. B se niega. Además, pide mucho dinero a A para marcharse.

A y B son amigos. Un día, B escribe a A y le dice que espera que esté bien. Llevan un tiempo sin hablar. A le contesta que no está bien, pero que lo estará. B llama entonces a A para preguntar qué pasa. A intenta contárselo, pero B interrumpe todo el tiempo. De repente, a B le parece más importante averiguar qué tipo de pájaro ha pasado por su ventana, y le dice a A que le volverá a llamar. A se queda esperando una llamada que no recibe. B le escribe varios días después para decirle que no le pudo volver a llamar, y que espera que se ponga bien.

A colabora gratuitamente en un medio digital, escribiendo un artículo al mes. Cada mes, queda a la espera de que el artículo lo publique su editor, B. Un mes, al leer su artículo publicado, ve con estupor que está cambiada la redacción, de tal manera que el artículo no se entiende. Ya ha pasado alguna otra vez. A se dirige a B para ver qué ha pasado, y le pide que restituya el artículo original. Le lleva toda la mañana de intercambio de correos. Al final, decide no seguir colaborando, ya que no se siente respetado. Se lo comunica a B, que le dice que está de acuerdo con su decisión. Además, le indica a A que debería tener un poco de empatía y respeto por sus lectores, y que en lugar de intentar lucirse, debería redactar de tal forma que los lectores le pudieran entender.

Podríamos seguir poniendo ejemplos, pero creemos que no es necesario. Este tipo de cosas suceden todos los días en nuestra sociedad. A y B, con sus actuaciones, y decisiones, construyen día a día una sociedad, que cada vez es más deshumanizada. Cabría preguntarnos cuál es el grado de libertad que tienen A y B para actuar de forma diferente, y si son ellos, los que construyen la sociedad, como hemos mencionado, o es la sociedad la que les define a ellos.

Quizá el lector, y nosotros, quiera creer que es lo segundo sobre lo primero, pero la realidad es que influyen ambas cosas. Hasta qué punto puede una de ellas influir más que la otra, es algo que depende de A y de B.

A y B pueden decidir ser ignorantes de los motivos por los que hacen lo que hacen. Pueden decidir no reflexionar sobre lo que les ha llevado a hacer y decir lo que hacen y dicen. Pueden incluso decidir hacer responsable, cada cual, al otro, de lo que hacen y dicen. Es más, pueden decidir hacer responsables a sus padres, o a su educación, o a la falta de, o a sus difíciles circunstancias, o a la sociedad entera en su conjunto, de lo que hacen y dicen. Pueden tratar de justificar y de defender sus actuaciones porque están buscando defender su sueño.

Pero también A y B pueden decidir dejar de ser ignorantes de los motivos por los que hacen lo que hacen. Pueden decidir reflexionar sobre lo que les ha llevado a hacer y decir lo que hacen y dicen. Pueden incluso, hacerse responsables de lo que hacen y dicen, en lugar de responsabilizar al otro, a sus padres, a su educación, o falta de ella, a sus circunstancias, o a la sociedad entera. Pueden decidir no justificarse, y no defender sus actuaciones, sino contemplarlas, ver cómo han sido, ver cuáles son sus consecuencias, y tratar de aprender para lo siguiente.

Es verdad que la mayoría de los mensajes que recibimos, día a día, miles y miles, y en cantidad creciente, no ayudan a eso precisamente, sino a lo primero. Reinvéntate. Sueña. Tú puedes ser diferente. El pasado no importa, importa el instante presente. El futuro tampoco importa. Hay que ser innovador. Hay que ser creativo. Descubre el ser creativo que hay en tí. Sé vulnerable. Sé flexible. Tienes el corazón cerrado. Tú puedes ser millonario. Sé empresario, atrévete a no tener jefes. Y podríamos seguir, ad eternum, casi, enumerando mensajes, que hacen que para A y para B, sea difícil mirarse, comprenderse, y responsabilizarse. Está en juego la pertenencia al grupo, a la sociedad.

¿Cómo salir de esa trampa mortal? Difícil, ¿no? Pero no imposible.

Quizá, lo primero, sería que A y B entendieran que es posible decidir por uno mismo. Que es posible seguir perteneciendo, aunque se decida un camino diferente del propuesto. ¿Y por qué? Porque la mayoría de los caminos propuestos se hacen a ciegas, guiados por modas, sin reflexión, y sin saber muy bien qué se está diciendo en realidad.

Cuando alguien te dice: “Sé vulnerable. Es bueno para tí” ¿Sabe en realidad lo que está diciendo? Porque lo que está diciendo es que te abras a la posibilidad de ser herido, o de recibir lesiones físicas o morales (definición del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)

Si probamos a hacer ese ejercicio con cada una de las cosas que nos dicen, nos llevaríamos las manos a la cabeza. Es más, para empezar, quizá estaría bien que hiciéramos ese ejercicio con cada una de las cosas que nosotros decimos, para saber bien qué estamos diciendo, y si en realidad estamos de acuerdo con eso que estamos diciendo. Y desde ahí, desde ese descubrimiento, quizá todo lo demás cambie. O no. Creemos que eso es algo que depende de cada uno…podemos seguir ciegos, ó podemos empezar a reflexionar…

Una reflexión sobre el dolor…

Compartimos hoy aquí una reflexión un poco más larga de lo habitual, a través de un texto de Khalil Gibran:

“Y si pudierais mantener vuestro corazón maravillado ante los diarios milagros de la vida, vuestro dolor no os parecería menos prodigioso que vuestra alegría.

Mucho de vuestro dolor es elegido por vosotros mismos.

Es la poción amarga con la que el médico que hay dentro de vosotros cura vuestro ser enfermo.

Por tanto, confiad en el médico y bebed el remedio en silencio y tranquilidad, porque su mano, aunque dura y pesada, guiada está por la tierna mano del invisible.”

Lo que nos llama realmente la atención del texto, que es precioso, es la llamada a dejarnos asombrar, a dejarnos maravillar, de alguna u otra manera, por el dolor y por la alegría, olvidando el “juicio” de que lo primero es negativo y lo segundo positivo.

Es una llamada a entender la necesidad del dolor, y la maravilla que contiene.

Y aunque sea doloroso, nosotros estamos de acuerdo, así es…

(El texto se encuentra en el libro “El profeta”)

Diez cuestiones para reflexionar a la hora de emprender…

Artículo redactado para el monográfico de Educaweb de Mujeres Emprendedoras:

Llevo emprendiendo casi toda mi vida, y si tuviera que definir mi perfil de alguna manera, diría que es ése: emprender y asumir riesgos, buscando más la superación del reto y del riesgo, que la obtención de una situación cómoda.

Haciendo una reflexión hacia atrás, y viendo las experiencias vividas desde la distancia, identifico diez cuestiones básicas que quizá puedan servir a alguien que quiere ser emprendedor/a, o que lo es, y que serían las siguientes:

1.- En la mayoría de las ocasiones, es fundamental entender, que el mayor riesgo para tu proyecto, eres tú mismo.

2.- Pregúntate si estás dispuesto a arriesgarlo todo por tu idea, porque la fuerza que emana de ese compromiso es vital para que el proyecto salga adelante.

3.- No te conformes con tu punto de vista sobre el proyecto. Pregunta, pregunta y pregunta, para obtener la mayor cantidad de puntos de vista posibles sobre el mismo. Lo harás mucho más fuerte, y tendrás una buena idea de cómo lo puede recibir el mercado.

4.- Reflexiona mucho, y largamente, sobre si tienes necesidad o no, de tener socios. Esto pasa por identificar el para qué necesitas el socio, o la socia, e identificar si aquello para lo que lo necesitas, lo tienes disponible de otra forma en el mercado. Los socios son otro de los mayores riesgos de un proyecto, sobre todo a corto y medio plazo.

5.- Identifica aquello que no se puede copiar de tu idea. Hoy en día, casi todo es copiable, salvo determinadas cuestiones, que, en general, van asociados a nosotros mismos, y a nuestra forma de entender, comprender, acceder, gestionar y razonar.

6.- No te preocupes por la copia. Aprende a ver cómo aprovechar la copia de tu idea y de tu proyecto para generar ventaja competitiva.

7.- Reflexiona mucho, y también largamente, sobre qué necesidades de verdad tienes en relación con la financiación. ¿Qué quieres financiar exactamente, y para qué?

8.- En el tema de la financiación, identifica las distintas opciones disponibles, y qué te exigen a cambio en cuanto a retorno, plazo, cesión en la capacidad de gestión, y cesión en la capacidad de decisión. Estas dos últimas cuestiones son casi más importantes que las dos primeras, ya que pueden hacer que entre tu proyecto, y la realidad que se cree, haya una distancia infinita.

9.- No te conformes con las opciones disponibles en cuanto a financiación. Reflexiona largamente sobre toda la cadena de valor de tu proyecto, sobre actividades conexas y complementarias que puedan generar caja, identifica grupos de interés que pueden ser favorables para introducir el proyecto a bajo precio, y sobre todo, diseña a partir de todo lo reflexionado tu propio mecanismo de financiación “ad hoc”, ahora hay herramientas y posibilidades para ello.

10.- Una de las mayores dificultades a las que hay que enfrentarse es a la soledad. Las decisiones las tomas tú, en soledad, aunque tengas socios, y aunque tengas colaboradores. Busca mentores, personas que te puedan ayudar a reflexionar sobre tu proyecto, que te muestren caminos y alternativas, que te escuchen. Existen muchas personas con experiencia que pueden ayudarte, y son una de las mejores opciones para lidiar con la soledad.

De todos los puntos mencionados, quisiera hacer un especial hincapié en el primero. Muchas veces nos pasa desapercibido, pero nosotros somos, casi siempre, los mayores riesgos para nuestro propio proyecto.

Nuestro carácter, nuestra formación, nuestras habilidades y nuestra autoimagen, autoestima y seguridad, son fundamentales. Si para un directivo la gestión del ego es obligatoria, para el emprendedor se vuelve absolutamente necesaria. La pregunta fundamental es: ¿quiero que salga adelante el proyecto, aunque sea sin mí? ¿O es el proyecto un vehículo para mi ego?

Que respondamos que sí a la primera pregunta, lo único que indica es que, de verdad, creemos en el proyecto, lo dejaríamos todo por él, y eso indica que estamos en el buen camino, ya que sabremos identificar si nosotros somos un obstáculo para el desarrollo del mismo, o no.

En este punto es fundamental entender que hay una distancia infinita entre nosotros, y nuestro proyecto. Nuestro proyecto tomará personalidad propia, a través de la personalidad jurídica, y desde ese momento, todos nuestros esfuerzos deben estar destinados a respetar, cuidar, poner en valor, y hacer crecer, esa personalidad jurídica. Ese es el compromiso y la responsabilidad que adquiere el emprendedor, y eso es, precisamente, lo que hace que el emprendedor sea, con algunas excepciones, el factor de mayor riesgo para el proyecto.

No somos buenos en todo, ni somos especialistas en todo. Tenemos que tenerlo claro, y tenemos que identificar si lo que estamos haciendo nosotros, hace bien, o no, a esa personalidad jurídica, y caso de no hacerle bien, ser lo suficientemente honestos y buscar otra persona u otra entidad, que sí pueda hacerlo bien. De no hacerlo, el proyecto no saldrá, o saldrá con un mínimo en relación con lo que podría llegar a ser.

¿Estamos todos dispuestos a eso? Ésa es, para mí, la verdadera clave de todo. Si estamos dispuestos, casi todo lo demás, lo podemos conseguir…

 

Sólo por hoy…

Compartimos este texto de Sibyl F. Partridge, que, aunque no suscribimos al cien por cien, sí suscribimos su fondo y su filosofía. Diez actitudes nuestras que podemos practicar, sólo por hoy…únicamente son 12 horas. Si esto lo hacemos, cada día, ¿qué resultará?

1.- Sólo por hoy, seré feliz.

2.- Sólo por hoy, trataré de ajustarme a lo que es en lugar de tratar de ajustar todas las cosas a mis propios deseos.

3.- Sólo por hoy, cuidaré mi cuerpo.

Study for the Spanish Dancer. John Singer Sargent4.- Sólo por hoy, trataré de fortalecer mi mente.

5.- Sólo por hoy, ejercitaré mi alma de tres maneras: haré algún bien a alguien sin que él lo sepa. Haré dos cosas que no me apetece hacer.

6.- Sólo por hoy, seré agradable.

7.- Sólo por hoy, trataré de vivir únicamente este día, sin abordar todo el problema de mi vida a la vez.

8.- Sólo por hoy, tendré un programa.

9.- Sólo por hoy, tendré media hora tranquila para mí mismo y descansaré.

10.- Sólo por hoy, no tendré miedo, especialmente, no tendré miedo de ser feliz, de gozar de lo que es hermoso, de amar y de creer que aquellos que amo, me aman.

¿Necesito un socio para emprender?

Artículo publicado en el blog de “Avalon, la red de expertos

Si hay un tema peliagudo y controvertido a la hora de emprender, es la necesidad, o no, de determinadas figuras que, aparentemente, pueden prestar o añadir valor al negocio que se está emprendiendo.

Entre esas figuras podríamos destacar las siguiente: soci@s, mentores/as, consejeros/as, coaches, formadores y aceleradoras.

Ya sólo teniendo en cuenta estas figuras, a mí me entra un poco de agobio, porque son muchas, y el negocio, como generador de valor apenas ha empezado.

Y de entre todas ellas, la más controvertida, por las dificultades que puede llegar a generar, es la figura del soci@. Dedico el resto de esta reflexión a esta figura, y en sucesivos artículos, iré dedicando reflexiones a cada una de las restantes.

Como emprendedor, yo habré tenido una idea de negocio, habré identificado un nicho de mercado, habré visto la forma de generar valor para ese nicho de mercado, y habré tenido las ganas, la fe, y la pasión, no sólo de dejarlo todo por esa idea, sino de arriesgar parte de mi patrimonio en ella.

Y entonces, la pregunta fundamental que me tengo que hacer es, ¿necesito un soci@? Y la siguiente pregunta sería, ¿para qué lo necesit@?

Y si contesto afirmativamente a la primera, y razonadamente a la segunda, la siguiente pregunta que me tengo que hacer es, ¿y qué tipo de soci@, un soci@ capitalista, un soci@ que aporte know-how técnico, un soci@ que aporte know-how de gestión, un soci@ que aporte negocio, un soci@ que…?

Y cuando he terminado de identificar el perfil de soci@ o soci@s adecuad@s, entonces me tengo que preguntar, ¿quién o quiénes pueden ser?

Y omito expresamente la posibilidad de que ya tuviera identificado a determinadas personas, e incluso, que ya tuviera soci@s pactados.

¿Por qué?

Porque una cosa es tener los soci@s y otra tener los adecuados.

Conviene analizar fríamente, como si estuviéramos absolutamente solos, si necesitamos soci@s, y caso de necesitarlos, de qué tipo y en qué forma.

Y después de concluir, que, efectivamente necesito soci@s, me vuelvo a preguntar, eso para lo que necesito soci@s, ¿lo puedo subcontratar o lo puedo conseguir de alguna otra forma que no sea teniendo soci@s, bien a través de un mentor, o de un consejero?

Si la respuesta es que no, entonces tengo que pensar en otra pregunta, ¿en qué porcentaje entra como soci@ y qué implica que entre con ese porcentaje? ¿Implica que debo ceder poder de gestión, que debo ceder poder de decisión? ¿Qué implicaciones tiene para mí y para la sociedad que genera el negocio, esa cesión de poder de gestión, de poder decisión? ¿Y qué implicaciones tendrían para mí y para la sociedad, una irresponsabilidad con consecuencias penales de ese soci@? ¿Cómo puedo limitar los riesgos? ¿Estoy dispuesto a asumirlos?

Si no estoy dispuesto a asumir los riesgos que conlleva, entonces, quizá, debiera volver a plantearme las preguntas previas, ¿necesito de verdad esos soci@s? ¿Puedo conseguir eso que me aportarían de alguna otra forma en el mercado? ¿A qué coste? ¿Conozco, por ejemplo, la opción de cuentas en participación?

Algunos pensaréis que soy una agorera, pero no. La mayoría de los emprendedores, en algún momento de la vida de sus empresas, ha experimentado en sus carnes las enormes decepciones y dificultades que se pasan con los socios.

Bien porque reclamen que la idea es suya. Bien porque su visión sea distinta, con lo que la dirección de hacia dónde ir se empieza a enturbiar. Bien porque el estilo de gestión y las decisiones a tomar son diferentes, y mientras unos quieren reservar el beneficio para generar crecimiento empresarial, otros quieren repartir ese beneficio entre los socios. Bien porque alguno se aprovecha de la estructura existente y monta una empresa paralela, desviando clientes, marca, negocio, etc. mientras penaliza e invalida la gestión diaria. Y así podría seguir enumerando dificultades, a cada cual más complicada y difícil de sostener.

Desde mi punto de vista, tener soci@s es una decisión íntima y voluntaria. Depende de cada uno de nosotros. Y esa decisión puede marcar la viabilidad de la aventura emprendida. Valoremos las opciones. Valoremos los riesgos. Y después, emprendamos la aventura, con coberturas. Y si podemos, y nos atrevemos, que en su mayor medida, esas coberturas sean a través del mercado, y no a través de soci@s…

Y tú, ¿necesitas, de verdad, un soci@?

Experimentando a través del cuerpo

El pasado sábado dirigimos un taller de autoconocimiento a través del cuerpo. Fue un taller experimental, que repetiremos periódicamente.

Taller experimentalLa idea básica que está detrás del taller es la de proporcionar un espacio dedicado a la experimentación, a la búsqueda, a la observación y el desarrollo de una mirada interior, hacia nosotros mismos.

No se dan pautas predeterminadas, salvo dos, que son básicas:

1.- Desarrollar la posición de observador de uno mismo, sin juicio, para tomar nota de lo que vayamos sintiendo y pensando.

2.- Moverse libremente, lo más libremente posible, fuera de convenciones, fuera de querer hacer movimientos bonitos, precisos, armónicos.

Trabajando el cuerpo, moviéndonos libremente, según lo que vayamos sintiendo, en función de la música, y sólo de la música y de nuestro cuerpo, y observando, nos vamos dando cuenta de cuestiones, que, a veces, pueden llegar a ser muy importantes, sobre nosotros mismos, y sobre nuestra relación con la realidad, y con los demás.

Muchas veces saldrán emociones, y reacciones que nos sorprenderán, y lo único que tenemos que hacer, entonces, es tomar nota, y dejar tiempo y paso a la reflexión.

Proponemos aquí un proceso de cartografía de nosotros mismos. De nuestra geografía subterránea e íntima. Para la cual los demás no tienen explicaciones, sólo nosotros las tenemos, y las tenemos dentro.

Es cuestión de buscar…y de experimentar…

 

Amar las preguntas

A nosotros nos gustan las preguntas. Mucho.

Nos gustan porque, si están bien formuladas, nos abren puertas. Nos ayudan a reflexionar. Nos ayudan a encontrar nuevos caminos. Nos ayudan a crecer.

A las preguntas hay que darles tiempo. No se pueden contestar instantáneamente. Las mejores preguntas son aquellas que te dejan pensando. Que te dejan en silencio exterior, y en barullo interior.

A veces, se tarda mucho en responder a una pregunta. Pero siempre llega. De una manera o de otra. Así que, paciencia…

Las posibilidades de las preguntasAMAR LAS PREGUNTAS
Ten paciencia con todo aquello
que no se ha resuelto en tu corazón
e intenta amar las preguntas por sí mismas,
como si fueran habitaciones cerradas
o libros escritos en una lengua extranjera.
No busques ahora las respuestas
que no estés preparado para vivir,
pues la clave es vivirlo todo.
Vive las preguntas ahora.
Tal vez las encuentres, gradualmente, sin notarlas,
y algún día lejano llegues a las respuestas.

RAINER MARÍA RILKE

Esto también cambiará

Compartimos aquí un pequeño cuento indio, que nos habla de que, en la vida, encontramos situaciones positivas y situaciones negativas, encuentros, pérdidas, triunfos, éxitos, fracasos, halagos, insultos, etc…

Si nos quedamos en cada uno de esos acontecimientos, en cada una de las pérdidas, en cada uno de los éxitos, de los halagos, o de los fracasos, sufriremos inutilmente. Quizá, lo mejor, es aceptar cada situación, sea buena, o mala, con el ánimo sereno, sabiendo que, sea bueno, o malo, pasará. Todo pasa.

“Un próspero comerciante dejó al morir una cuantiosa fortuna, que debía repartirse entre sus dos hijos en partes iguales. Así se hizo, pero transcurrido algún tiempo de la muerte de su padre, los hermanos hallaron un paquete que había sido celosamente guardado. Lo abrieron, expectantes, y encontraron dos sortijas. En una de ellas brillaba un valioso diamante; la otra era un sencilla pieza de plata.

El mayor de los hermanos, al verlas, sostuvo que lo más probable era que hubieran pertenecido a sus antepasados. Eso explicaría por qué el padre las había guardado con tanto cuidado, y no las había incluido en la herencia paterna.

-Como soy el primogénito-dijo, movido por la codicia-, me corresponde la sortija del diamante.

El hermano menor no opuso argumento alguno. Por el contrario, le contestó:

-Estoy de acuerdo, espero que tú seas tan feliz con la sortija del diamante, como yo lo soy con la de plata.

Cada hermano emprendió su vida por separado, con la sortija que le había tocado en suerte. Unos días después, el hermano menor, se preguntó cuál habría sido la razón de que el padre guardara con tanto celo una sortija sin valor aparente. La examinó detenidamente y pudo apreciar unas letras grabadas en la cara interior. Con algún esfuerzo, logró leer la frase que las letras formaban: “Esto también cambiará”.

Calma. Esto también pasará.

Calma. Esto también pasará.

-Tal vez éste era el mantra de mi padre-pensó.

El tiempo transcurría para los dos hermanos con sus inevitables fluctuaciones, los buenos y los malos momentos, las situaciones favorables y las adversas, el placer y el dolor.

El hermano mayor vivía exaltadamente las circunstancias favorables, y se deprimía frente a las desfavorables. Su equilibrio espiritual comenzó a tambalear y llegó al límite. De poco le servía poseer la valiosa sortija con el diamante.

Mientras tanto, la vida del hermano pequeño, discurría de modo igualmente dispar. También había para él momentos buenos y momentos malos, alegrías y sufrimientos, situaciones placenteras y otras dolorosas. Pero en los momentos de zozobra, siempre recordaba la inscripción grabada en la sortija de plata: “Esto también cambiará”. Eso lo ayudaba a mantener una actitud ecuánime y equilibrada, el ánimo siempre dispuesto y la claridad de pensamiento. El placer no le provocaba apego y lo desagradable no le causaba aversión. Vivía en armonía consigo mismo, y con el mundo que lo rodeaba.